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Las virtudes militares de Don Manuel Belgrano

"Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos''. (General Belgrano)

ARGENTINA-POR GABRIEL ANÍBEL CAMILLI* Fue Pedro Calderón de la Barca quien glosó aquello de que «fama, honor y vida son caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna, la milicia no es más que una religión de hombres honrados».

Sin duda el General Manuel Belgrano en su paso por la Universidad de Salamanca, 170 años después que Calderón de la Barca, habrá conocido los versos de uno de los últimos grandes poetas del Siglo de Oro español, que de este modo definirá claramente al Ejército.

Una religión de hombres honrados que se hermanan para defender a nuestro pueblo, así lo entendía el prócer, con la única recompensa de la satisfacción del deber cumplido.

Nuestros militares son hijos de nuestra Patria y son hijos de nuestro pueblo. Los militares cultivamos las virtudes cardinales y valores altos y nobles: lealtad, sacrificio, humildad, generosidad, alegría, liderazgo, compañerismo, obediencia, cuidado de las tradiciones y el recuerdo a los caídos en acto de servicio que descansan en el seno de Dios.

En este año del Bicentenario del paso a la inmortalidad de Manuel Belgrano, creemos conveniente destacarlo como arquetipo y como modelo por sus virtudes militares. Y lo haremos con claros e inobjetables momentos de su vida militar como fiel reflejo de esas virtudes.

PATRIOTISMO Y VALENTIA

 

Creemos que hay dos virtudes que constituían el eje coordinador del espíritu militar de Manuel Belgrano: el patriotismo y la valentía. la primera sería la virtud motora, y la segunda la virtud instrumental.

Los conceptos de soberanía nacional y de integridad territorial constituyen para Belgrano dos factores indisolubles que hacen a la grandeza nacional. Sin dudas, Belgrano fue mucho más que el creador de la bandera, pero ese hecho es el que lo sintetiza La bandera es tan importante si la entendemos como soberanía, Nación, la unión de todos los argentinos; es la síntesis de lo que fue Belgrano. De sus ideas de libertad e independencia que él pregonaba y por la que tanto luchó. El 25 de mayo de 1812, estando en Jujuy y al cumplirse el segundo aniversario de la Revolución de Mayo, Belgrano hizo bendecir y jurar a la bandera. En su arenga, sostiene que tenían el honor de «estar viendo la bandera nacional y que la distinguirá de los otros países del globo».

Nuestro héroe muestra grandeza frente a la mezquindad. Es capaz de darse y dar sin pedir nada a cambio. Es así que el gobierno a través de Instrucciones reservadas, le sugería una retirada en el Norte, con el fin de evitar el enfrentamiento contra un adversario varias veces superior. Es entonces cuando Belgrano decide ponerse al frente de una de las hazañas más asombrosas de la historia patria: el éxodo jujeño.

En defensa de su firme posición, el prócer señalaba: «No busco plata con mis providencias: busco el bien de la Patria. Yo no oigo clamores de particulares, sino el bien general. Los que no quieran sufrir esos perjuicios, anímense a defender la provincia, y no por conservar unos ganados, que serían para el enemigo, permanezcan fríos espectadores de las desgracias de la Patria.»

Las palabras de don Manuel eran sinceras, le nacían desde el fondo de su corazón y estaba convencido de que procedía correctamente porque para él no había acto más grande y noble que ponerse al servicio de la Patria en espíritu y alma.

 

GRANDEZA DE ALMA

Luego de enterrar a los fallecidos del 20 de febrero de 1813, el General Manuel Belgrano colocó una humilde cruz, con la leyenda «A los Vencedores y Vencidos», iniciando una larga tradición nacional. Las magnánimas condiciones impuestas a los derrotados, fueron ejemplo de su virtud. La generosidad tenía su sentido. El 8 de marzo de 1813, la Asamblea Constituyente dispuso premiar a Belgrano con 40.000 pesos y un sable con guarnición de oro por el brillante triunfo obtenido, el prócer declinó el obsequio y, al hacerlo, comprometió para siempre la gratitud de Tarija, Jujuy, Tucumán y Salta, para quienes dispuso, con ese dinero, la creación de cuatro escuelas.

Austeridad y sobriedad de Soldado. Al ser nombrado Jefe del Regimiento de Patricios, dijo: «Ofrezco a V.E. la mitad del sueldo que me corresponde, siéndome sensible no poder hacer demostración mayor, pues mis facultades son ningunas, y mi subsistencia pende de aquel, pero en todo evento sabré reducirme a la ración de soldado.»

El arrojo frente a la timidez o cobardía, hace obrar al hombre en los momentos del combate. Ejemplo de ello está en la prueba que Belgrano da en reiteradas oportunidades, durante la dura Campaña al Paraguay de 1810-1811. En el combate de Tacuarí, ante la situación que se mostraba desfavorable porque el enemigo tenia amplia superioridad numérica, el líder se puso al frente de sus hombres y desenvainó su espada para encabezar la carga. Comentó a uno de sus hombres: «Aún confío que se nos ha de abrir un camino que nos saque con honor de este apuro; y de no, al fin lo mismo es morir de 40 años que de 60».

Belgrano a lo largo de su vida demostró valor físico, mental y moral ante la adversidad. El Coronel Blas Pico nos refiere: «Se lo vio siempre incansable en el bufete expidiendo órdenes concernientes, las más de las veces, de su puño y letra para dar a los negocios el mayor impulso, corría a todas horas por los cuarteles, campos de instrucción, hospitales. hasta mirar el rancho de sus soldados».­Siempre se mostró valiente pero no temerario, compartió el riesgo, soportó dificultades y enfrentó el peligro. Mostró coraje en moderación, incluso cuando el hacerlo supuso correr un riesgo personal.

 

LA HORA MAS OSCURA

 

Altivez contra el servilismo, lo vemos en las horas de la entrega máxima. Luego de la derrota de Vilcapugio la campaña militar pasaba por su hora más oscura; sin embargo, el jefe patriota no quería ceder a los caprichos del destino; por lo tanto iba a insistir con su objetivo, que era el de proseguir en la lucha con el fin de obtener la victoria definitiva.

Finalizada la Batalla de Vilcapugio, tomando el mástil de la bandera nacional, dijo a viva voz: «¡Soldados!: hemos perdido la batalla después de tanto pelear. La victoria nos ha traicionado, pasándose a las filas enemigas en medio de nuestro triunfo. ¡No importa! Aún flamea en nuestras manos la bandera de la Patria.»

Se dice que, al día siguiente, luego de rezar el Rosario con la tropa, el prócer dio una arenga a sus hombres para finalizar diciendo que si lo abandonaban, estaba dispuesto a morir por el honor del Ejército, a lo que al unísono sus soldados respondieron: «¡Todos moriremos al lado de nuestro general!». Estas palabras calaron hondo en el espíritu de Belgrano, dándole la fuerza suficiente para proseguir adelante con el duro y sinuoso camino que se había trazado: liberar a su Patria de las garras del enemigo realista.

En su esquema de ideas, y en su escala de valores, la Nación naciente está por encima de cualquier otro interés individual o sectorial. A ella cabe, como deber, brindarle los mejores esfuerzos y aun consagrarle la vida. Se convierte así, la Nación misma, en la ley suprema ante la cual cede cualquier argumentación en contrario.

 

LA LIBERTAD DEL PARAGUAY

 

El verdadero líder tendrá más pálpito que cálculo, si la causa es justa y el deber militar se lo imponen, él mantendrá firme el objetivo. Por ello, en la heroica y arriesgada expedición auxiliadora por la libertad del Paraguay, él mismo nos dirá en sus Memorias: «Llegamos al Río Corrientes, al paso ya referido y sólo encontramos dos muy malas canoas que nos habían de servir de balsa para pasar la tropa, artillería y municiones: felizmente, la mayor parte de la gente sabía nadar y hacer uso de lo que llamamos pelota y aun así tuvimos dos ahogados y algunas municiones perdidas por la falta de una balsa. Tardamos tres días en este paso, no obstante la mayor actividad y diligencia y el gran trabajo de los nadadores que pasaron la mayor parte de las carretas dando vuelcos. El río tendría una cuadra de ancho y lo más de él a nado.»

La férrea y verdadera humildad del líder hace obrar con certeza a su tropa, forjada en el sacrificio y la austeridad del trabajo diario silencioso y constante , así lo demuestra este párrafo por él escrito que describe con humildad y respeto la victoria en Campichuelo: «Por lo que hace a la acción, toda la gloria corresponde a los oficiales ya nombrados y siento no tener los nombres de los siete soldados para apuntarlos, pero en medio de esto son dignos de elogio por sólo el atrevido paso del Paraná en el modo que lo hicieron, así oficiales como soldados, y espero que algún día llegará en que se cuente esta acción heroica de un modo digno de eternizarla, y que se mire como cosa de poco más, o menos, porque mis enemigos empezaban a pulular y miraban con odio a los beneméritos que me acompañaban y los débiles gobernantes que los necesitaban para sus intrigas trataban de adularlos.»

 

CATALIZADOR

 

El General Belgrano poseía una serie de competencias de liderazgo que ayudan a los demás a adaptarse o recuperarse de la adversidad. Fue, sin duda, el catalizador que inspiró a su tropa alcanzar metas que no podrían haber logrado por sí solos. La adversidad supone la verdadera prueba del liderazgo. Muchas de las lecciones más valiosas que nos ofrece la vida surgen de ella. Hay un ejemplo en este caso: luego de la fatal derrota en Vilcapugio, el 5 de octubre de 1813, Belgrano y sus hombres se dirigen a Macha. Apenas instalado allí, intentará reorganizar al maltrecho ejército a su mando. Enseguida puso manos a la obra, pues no había un minuto que perder. Alli el prócer escribe: «Fortaleza, ánimo, constancia y esfuerzo (no de los comunes) son los que necesita la Patria. Ella será libre e independiente si no nos amilanamos. Si en este pueblo hay cobardes, que vengan a Macha, y sepan que no hemos de abandonar el puesto, sino cuando sea imposible sostenerlo. Aún hay sol en las bardas y hay un Dios que nos protege.»

Ciertamente, Belgrano era respetuoso de las tradiciones, de la jerarquía, del principio de autoridad y amante del orden. El sentido trascendente de la vida se halla presente en nuestro líder militar. El mejor ejército que poseía Belgrano fue la sólida fe por sobre todo. Le quedaría bien aquel axioma criollo: «en Dios confiando y con el mazo dando».

Porque esa profunda fe queda demostrada en varios documentos y cartas a lo largo de su vida, y entre varios, éste: «La Divina Providencia nos abra un camino para mejorar de suerte, y que la Patria se vea libre de tantos apuros que la rodean… Soy verdadero cristiano, católico, apostólico, romano». 

El 24 de septiembre se celebra la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced, Patrona del Ejército Argentino. El General Belgrano durante la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, puso toda su confianza en Dios y en Nuestra Señora de la Merced. En el parte de guerra que envía al gobierno, dice: «La Patria puede gloriarse de la victoria que han obtenido sus armas el 24 del corriente, día de Nuestra Señora de la Merced, bajo cuya protección nos pusimos».

El General, conmovido por el triunfo, nombra a la Virgen de la Merced Generala del Ejército Argentino y en solemne ceremonia le entrega su bastón de mando. (En 1912, al cumplirse el centenario de la Batalla de Tucumán, la imagen de Nuestra Señora de la Merced, que se venera en San Miguel de Tucumán, fue coronada solemnemente en nombre del papa San Pío X).

ESTOICISMO

 

El sentido del sacrificio y el llevar los padecimientos dignamente, sin duda son muestras de fortaleza y carácter de un verdadero soldado. En los primeros días de noviembre de 1819, regresa a Tucumán luego de haber estado allí en 1812 cuando asume como Jefe del Ejército del Norte y vence en la Batalla de Tucumán; y también en 1816 cuando concurre al Congreso para que declare la Independencia.

Pues bien, el 11 de noviembre de 1819 estalla en la provincia norteña un movimiento encabezado por Bernabé Aráoz y un capitán llamado Abraham González, quien intentó apresar al prócer, a pesar de que se encontraba postrado en cama. González ordenó a uno de sus subordinados que le pusiera una barra de grillos, de modo tal que la humillación fuera absoluta.

Ante esa actitud, reaccionó el Dr. Joseph Rehead, un destacado médico que sentía un profundo afecto por el ilustre enfermo. Levantó las sábanas de la cama donde reposaba Belgrano y tras mostrarles la brutal hinchazón que tenía en sus piernas, el mediocre González desistió en aplicar el cruel castigo; por lo tanto, debido a la valiosa intervención de Rehead, que auxilió a Belgrano en sus últimas horas, el prócer no fue engrillado, pero si detenido en sus aposentos y con un centinela que lo vigilaba durante todo el día. Finalmente, por presión del Congreso, el gobernador Bernabé Aráoz dispuso su libertad.

Belgrano, desilusionado por la ingratitud de Tucumán, decidió partir a Buenos Aires. No podía hacerlo sin medios que no poseía y eso lo movió a solicitarle al gobernador tucumano la suma de dos mil pesos para poder trasladarse. Aráoz se los negó y le hizo saber que el estado tucumano no estaba en condiciones de soportar ese gasto.

«Fueron días de una gran tristeza para el héroe pues en esos difíciles momentos, ningún funcionario acudió en su ayuda; muy por el contrario, se le negó todo subsidio para poder cumplir con el viaje como ya se pudo ver. Una actitud propia de la gente sin principios, pues a pesar de los servicios que había prestado a la patria -muchas veces en pésimas condiciones de salud- ninguna de las personas que ostentaban el poder movió un pelo para borrar esa injusticia de la que don Manuel Belgrano fue víctima.

Quien le dio plata para que pudiera dirigirse a Buenos Aires, fue su gran amigo José Celedonio Balbín. Pocos días después el prócer emprendía su viaje a la capital, acompañado del Dr. Rehead. Allí pasará sus últimos días, abandonado y condenado a un cruel olvido por todos aquellos que en los momentos de gloria lo adularon. La soledad y la ingratitud de los hombres serían las encargadas de darle al ilustre general la estocada final.

La ingratitud de los hombres es lo que quisimos reparar con estas líneas que quieren, no sólo hacer justicia con un hombre grande, sino mostrar esa grandeza reflejada en las virtudes que adornaron su vida y que son ejemplo para quienes nos formamos a su sombra.

* Coronel Mayor Mg D. Director de la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas.

Fuente: La Prensa

 

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