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Una extraña lógica de la pobreza: “Hacerse pobres para hacer ricos a los argentinos”

Las palabras del arzobispo Mario Antonio Cargnello durante la celebración en memoria del General Belgrano colisionan con la realidad política que administra

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.– Los tiempos que vivimos nos exigen a todos un esfuerzo por avanzar hacia un estadio superior de conciencia. Es momento de repensar todas las categorías porque el sistema ha virado hacia la dominación del hombre y su atomización; asistimos a un perverso proceso de reducción de la entidad de la persona a un objeto, a una estadística cada vez más deshumanizada.

Luego, hay que asumir que ya estamos viviendo otra etapa de la historia posmoderna, la de la pospandemia. Somos testigos de un hecho universal que ha obrado como una bisagra de la historia contemporánea dejando atrás todo en lo que creíamos hasta hace noventa días atrás. Quien no quiera aceptar esta realidad es un necio.

El Renacimiento supuso cambiar el paradigma medieval del “Hombre y el Mundo para Dios” por el mundano “El hombre y el mundo para el Hombre” y se consumó un antropocentrismo donde las formas dominaron sobre el espíritu. Sin embargo, fue aquel un hombre irreligioso más no arreligioso como se muestra en la actualidad. El hombre hoy ha extrañado de su vida a Dios.

Precisamos un retorno a la religión en el sentido etimológico del término (re-ligare: volver a unir) pero desde una espiritualidad individual, porque el nuevo sistema está apuntado a superar las estructuras para “trabajar” directamente con los individuos. Éste es el gran desafío del hombre pospandémico, ser sí mismo recuperando su estatura espiritual frente a la esclavitud de sí mismo por parte del sistema.  Así, los sindicatos, las organizaciones intermedias y las iglesias serán superadas por la virtualidad, fácilmente manejada desde algún lugar remoto.

Esto nos advierte de que la retórica vacía de testimonio ha terminado su tiempo. la cuestión de la pobreza no sólo jamás ha podido ser siquiera moderada sino que ahora amenaza con convertirse en el eje de la pospandemia.

¿De qué clase de pobreza a imitación de qué Cristo les hablaremos a los que ya están sufriendo la zozobra de la angustia por la incertidumbre? Incertidumbre de trabajo, de comida, de habitación, de educación… de vida.

¿Cómo se puede hablar de “pobreza para enriquecer a los argentinos” sin faltar el respeto a la inteligencia? ¿Por qué la jerarquía de la Iglesia Católica de Salta, no predicó la “pobreza” durante la década pasada en que se vació la provincia dejando un legado de indigencia generalizada? ¿O acaso las dádivas de “Nuestro Juan Manuel” obraban a modo de sucedáneos del escándalo público que representaba la devastación?

Podríamos retrotraernos incluso hasta el sempiterno debate de “Si la bolsa que llevaba el Cristo le pertenecía” o ¿Eran suyos los dineros que juntaban en la bolsa, o de la comunidad? Podríamos discutir con Ockham, traer a Francisco (de Asís, obviamente) y hasta quizás darle razón a Lutero. Pero todo sería dialéctica abstracta en un mundo que requiere de testimonios de grandeza: “Res non Verba”, diría Marco Poncio Catón el Viejo, allá por el siglo II a. de C.

¿Da testimonio de pobreza una jerarquía que afinca sus reales sobre los privilegios, entregando a los curas que no se doblegan y cubriendo de “sigilo pontificio” a otros del redil curial?  y que se mantiene todavía en silencio frente a las muertes de niños y el abandono de mujeres y ancianos producidas por la codicia de sus patrocinadores.

Ciertamente, también es un insulto a la memoria del General Manuel Belgrano invocar sus valores humanos y espirituales cuando no se practica absolutamente ninguno de ellos.

Si hemos de imitar al General Belgrano según se pontifica desde la Cátedra, denunciemos la hipocresía, así como él apenas tocar suelo salteño, ordenó detener y mandar preso al primer obispo de Salta, Nicolás Videla del Pino por la mera sospecha de no ser leal y cartearse con el general Goyeneche.

Son tiempos de balance, donde aparenta cumplirse la profecía del Apocalipsis porque  el “agua y la cebada serán tasadas” (Ap. 6,6) y ya estamos pagando el agua y cada vez es más difícil para la gente llegar a la comida. Donde ninguno que no tenga la “Marca de la Bestia” (el chip del Anticristo) podrá comprar ni vender. Como nunca antes en la historia la humanidad roza momentos acuciantes porque de los Cuatro Jinetes, tres ya han cabalgado sobre la Tierra y ahora ha comenzado el Cuarto “Cuyo color es amarillo, el color de la peste y la muerte con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. Y que resume el trabajo de los otros tres”. (Ap.6,7-8)

Continúen hablando de la pobreza, a la jerarquía ese discurso de lucrar con la pobreza ajena y acumular para el Tesoro de San Pedro le ha dado muy buen resultado durante casi dos milenios.

Pero recuerden la sentencia: “¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Ap-3, 15-19)

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