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Si algo le falta al país, reaparece el ERP: ¿Casualidad o causalidad?

En medio de la pandemia de coronavirus que azota a la Argentina, reapareció el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) enviando una carta al ministro de Defensa “poniéndose a disposición” del gobierno.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Quizás pudiera pensarse la reaparición de tres subversivos, rezagos de lo que fue el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) -acaso una de las bandas militarizadas más violentas de los setenta- como una remake algo nostálgica, si no fuera porque vuelven a escena bajo un gobierno formado por esbirros  que en aquellos años formaron parte de los cuadros terroristas que atentaron contra el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, contra el pueblo argentino, secuestrando, torturando, asesinando y haciendo desaparecer a ciudadanos inocentes y por fin, violando todo el plexo legal argentino, hasta llegar a violentar la propia Constitución Nacional.

Estos “muchachos” fueron responsables de los crímenes más aberrantes de aquella época, entre tantos como el secuestro y prisión en una “Cárcel del Pueblo”, un inmundo agujero subterráneo del Coronel Argentino del Valle Larrabure al que torturaron durante un año para abandonar su cuerpo estrangulado con un alambre y 47 kilos menos. El asesinato de una niña de tres años y las heridas a su hermana, hijas del Capitán Viola, por nombrar los más emblemáticos.

Luego de que Perón los echara de la Plaza de Mayo aquel 1ro. de Mayo de 1974, estas organizaciones pasaron a la clandestinidad desde donde actuaron a traición, cometiendo crímenes de toda clase con la mayor alevosía, abriendo así el camino al Golpe de Estado de 1976.

El ERP, Montoneros, FAP, FAR, etc, fueron funcionales y serviles al estado militar que se instaló desde aquel infausto 24 de Marzo de 1976 y sus consecuencias.

Los símbolos y el mensaje

No vuelven a la sociedad democrática como ciudadanos, sino como subversivos militarizados. Si volvieran con las intenciones pacíficas que manifiestan no reivindicarían su título de “Ejército” y de “Revolucionario”, mucho menos se presentarían ante la sociedad ataviados en uniforme de combate. Su papeleta lleva la Estrella colorada de cinco puntas, símbolo del marxismo leninismo que los inspira y se ufanan de sus “grados” como combatientes.

Reaparecen en un momento en que la sociedad civil está en un estado pleno de indefensión, encerrada y controlada, con Fuerzas Armadas desarmadas y ocupadas en dar de comer a miles que los gobiernos desde la década de los noventa han enviado a la marginación. Cuando el Ejército Argentino custodia fronteras y colabora ayudando a solventar necesidades durante la pandemia.

Sintomáticamente, Hebe de Bonafini, acaba de alentar los atentados contra silobolsas y la quema de sembradíos, acciones que ya se están ejecutando.

Todo conforma el cuadro más preocupante y siniestro que exhuma los peores fantasmas del pasado más negro de la Argentina contemporánea.

Hoy no existe voluntad en las Fuerzas Armadas de ejecutar ninguna toma de poder, tampoco hay logística para hacerlo. De forma que este mismo gobierno que alienta a estos violentos, deberá ser quien los reprima cuando se les vayan de las manos.  Si el mismo Juan Domingo Perón no pudo con ellos ¿qué podrían hacer estos incapaces?

Y por fin, nada bueno se puede esperar de quienes fueron terroristas y reivindican su pasado con sus uniformes. Bien lo señala el viejo dicho: “El que traiciona una vez, traiciona siempre”.

 

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