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28 de julio de 1820: Se lleva a cabo el funeral del General Manuel Belgrano

ARGENTINA.- Según nota al pié de página de Fray Francisco de Paula Castañeda en su carta en verso a la muerte de Belgrano (firmada bajo el seudónimo de «Gaucha de Morón», aparecida en «El Despertador Teofilantrópico») que figura en «La Lira Argentina» del año 1824, el funeral de Belgrano en la Iglesia de Santo Domingo, en cuyo atrio estaba sepultado, se llevó a cabo el 28 de julio a un mes y ocho días de su fallecimiento como consecuencia del hartazgo de los familiares de la promesa de las autoridades de realizar un funeral de Estado, como homenaje al Creador de la Bandera, que nunca llegaba.

Lo cierto es que el día de la muerte -el 20 de junio- hubieron dos gobernadores y el Cabildo de Buenos Aires disputándose el poder, el famoso «Día de los tres Gobernadores»: Estanislao Soler gobernó del 20 al 24 y luego asumió Manuel Dorrego que caería dos días después del funeral (del 24 al 30 de junio). Era claro que el Gobierno bonaerense estaba «concentrado» en otros temas.

De esta forma, con la asistencia de algunos de sus familiares y algún conocido de éstos, como se acostumbraba entonces, se colocó dentro del Templo, un catafalco que representaba al muerto y se rezó una misa de difuntos. El discurso fúnebre lo llevó adelante el Dr. Manuel Antonio de Castro, quién fue gobernador de Córdoba (renunció en febrero de 1820, como resultado del motín de Arequito, y huyó a Buenos Aires antes de la entrada en la ciudad mediterránea de Juan Bautista Bustos). Había tratado al prócer especialmente en los últimos meses en su penoso viaje final de regreso a Buenos Aires desde Tucumán y en junio de 1821, escribió una semblanza de Belgrano muy sentida.

Sus palabras fueron:

«La justicia era el nivel de su conducta. El jefe y el soldado, el poderoso y el desvalido, todos eran iguales en presencia de Belgrano, cuando se trataba de los derechos de cada uno.

Jamás disimuló faltas ni delitos por la clase de personas y sólo el benemérito y el honrado era acreedor de sus consideraciones.

La generosidad formaba su carácter, con ella se hizo dueño del corazón de los pueblos y aun de sus mismos enemigos.

¡Desinterés! Olvidaba sus propias necesidades para socorrer la de sus compañeros de armas y las de todos los menesterosos.

¡Honor! El suyo fue extremandamente delicado».

Y cerró diciendo: «Conservez le souvenir d’un héros, dont la bonté avait égalé le courage» (Conservad el recuerdo de un héroe, cuya amabilidad había igualado el coraje).

Fuente: Asociación Belgraniana de Morón

http://ernestobisceglia.com/

 

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