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Recuperar la mística partidaria: “Todos unidos triunfaremos”

La pandemia es más allá de su impacto sanitario, un desafío para cambiar la estructura de la política. Se inicia un tiempo de consensos y para eso es necesario recrear a los partidos políticos que hoy yacen destruidos.

SALTA-POR REDACCIÓN.- El gobierno anterior no sólo arrasó la provincia de Salta en lo económico y social, sino también en lo político destruyendo a todos los partidos, incluso al Partido Justicialista al que decía pertenecer.

No menos pasó con la histórica Unión Cívica Radical, reducida a cenizas bajo la conducción de un grupo de pseudopolíticos ineptos y trepadores. Hoy, la Casa Radical que supo juntar a generaciones de salteños sólo acumula polvo y deudas.

La pandemia restauradora

La crisis sanitaria terminó de echar por tierra lo que quedaba de institucionalidad en Salta y ahora se presenta el caso de que hay que reconstruir el edificio democrático volviendo a poner en pie a los partidos políticos.

Hablar de partidos políticos es predicar la restauración del Partido Justicialista que ya comenzó ese camino con la renovación de la Comisión de Acción Política (C.A.P.), restando ahora que el radicalismo haga lo propio para consolidar un rol de oposición seria y responsable. Porque nada puede ser peor para un gobierno que no tener oposición.

Del Partido Obrero nada se puede esperar porque no es un partido en el sentido democrático del término y jamás ha construido nada, sólo ha sido oposición a conveniencia de sus dirigentes que ya están en el inventario del mobiliario partidario.

El que llegara a ser la segunda fuerza opositora en Salta, el Partido Renovador de Salta, se halla reducido a un clan de señoras que juegan un ajedrez interno para sentarse en alguna silla con sello. Sólo cuando descabezaran a esta vieja conducción, podría ser que la juventud retome el camino de una militancia partidaria más sana.

Las demás expresiones como Memoria y Movilización, Libres del Sur y un raro enjuague llamado “Felicidad” –por decir de las más nombradas-, no son más que clanes que juegan intereses de pequeños grupos y han demostrado su falta de proyecto político y de identidad porque han estado con todos y con ninguno, según les haya convenido.

De modo entonces que la reestructuración política en Salta debe comenzar por el fortalecimiento de los partidos tradicionales, recuperando la mística y las banderas originales que son los principios sociales, el respeto a la República, la educación cívica, el proyecto nacional, que inspiraron, como diría Raúl Alfonsín “los grandes muertos que nos precedieron”.

Sin partidos no hay política posible. Y sin política no hay gobierno sustentable. La pandemia obliga a volver por la huella de la historia que es lo único firme que ha quedado.

Estudiar el pensamiento de Alem, de Perón, recuperar el sentido del abrazo de Gaspar Campos, son los elementos filosóficos y místicos que encenderán el apagado espíritu de las multitudes.

De otra manera, la política seguirá siendo sólo un acto administrativo sin sustancia y un terreno propicio para los oportunistas.

Y en esas condiciones no hay futuro sustentable.

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