ArtículosLocales

El silencio de los inocentes

En Salta, la “Capital de la Fe”, no se han escuchado pronunciamientos claros, definidos ni contundentes en favor de la Vida de ninguno de sus gobernantes. También el Arzobispado se mantiene en silencio sepulcral.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- La Vida es siempre una expresión de Esperanza. Jamás la destrucción –y menos de la Vida- puede ser considerada una política viable hacia el desarrollo. En el ambiente de reduccionismo que lidera al mundo hoy, el ser humano ha sido degradado sin que la gran mayoría lo advierta. El hombre (en sentido genérico) ya no es un co-creador ni un elemento vital, sino simplemente un número, una estadística, un elemento del sistema.

La Vida no tiene religión, de hecho, es en sí misma la Religión en su sentido etimológico de “re-ligare, o sea “volver a unir con el Creador”. Este no es un concepto católico sino un principio universal que se halla presente en todas las grandes religiones.

El Pacto de San José de Costa Rica, incorporado a la Constitución Nacional Argentina, define claramente en su Artículo 4, que: “Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.”

El problema es que los principios se han licuado en ideologías y hoy prima lo emocional frente a lo vital. Una perversa política de desnaturalización de la Vida y corrupción de la moral denigra a la mujer bajo el falso artificio de empoderarla, cuando en los hechos, la reduce a un instrumento de la destrucción familiar y social.

Frente a estos hechos que preanuncian la llegada de un tiempo siniestro, reclamamos los ciudadanos de nuestras autoridades, de nuestros pastores, expresiones claras, definiciones auténticas, gestos de valor cívico y moral que digan de su militancia por la Vida.

Los principios son perennes, universales, pero el buen Dios es generoso en el ejercicio de la Libertad, de modo que cada uno debe obrar según los dictados de su conciencia.

Sin embargo, las autoridades políticas y religiosas son representantes del Pueblo, es decir, sus “otro yo” en la función pública.

Y siendo Salta un Pueblo de cuño cristiano, es hoy presente la prueba de su fidelidad a ese Pacto que trasunta la historia y define el talante del salteño en el Milagro.

Hacer otra cosa o guardar silencio, es confesar la traición o la hipocresía frente al Cristo y a la Virgen. Peor aún, frente a la Vida.-

 

 

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar
Cerrar