ArtículosLocales

IFE-ATP y el escándalo: Cuando la mujer del César no sólo debe ser honesta sino parecerlo

En una sociedad sensibilizada por los actos de corrupción y la impunidad de sus dirigentes, se deben extremar los cuidados porque lo que no es, se puede parecer. Y lo que parece, termina siendo.

SALTA-POR REDACCIÓN.- La historia cuenta que Julio César se divorció de su esposa Pompeya por un error de ésta al asistir a una fiesta donde un joven disfrazado de mujer habría intentado seducirla. Es claro que Pompeya resultó ajena a ese episodio y fue una víctima de una maquinación pero terminó pagando el costo de la duda: “Mi esposa debe estar sobre toda sospecha”, dijo César.

Con la función pública ocurre lo mismo, más en tiempos donde lo corrupto es ley y la ley resulta lo corrupto, o al menos lo tolera.

En la Argentina actual ser funcionario público ya es motivo de sospecha para el común porque los cargos públicos nunca son ocupados por los mejores, como dicta la enseñanza clásica, sino por los amigos, los socios, los/las amantes, los favorecidos, pero en muy raras excepciones por los capacitados y honestos.

IFE-ATP ¿Sátrapas o víctimas?

Ya fue posible comprobar cómo masivamente los concejales y algunos intendentes se lanzaron a cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). ¿Qué pasó luego? Nada. No llegan a cinco los concejales exonerados.

Con la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) ha ocurrido otro tanto siendo que esta vez el calibre de los nombres involucrados ha tenido mayor peso.

Hay una explicación coherente para comprender el caso, que algunos ministros y funcionarios son empleados de una organización como la ex Universidad Católica aunque que no queda muy claro el rol del arzobispo en el tema –como en muchos otros-, pero también es justo decir que nadie se ha tomado el trabajo de explicarle a la ciudadanía porqué apareció incurso en esa lista.

Hay casos también en que no pueden explicar cómo están allí.

Y el que calla otorga.

Las explicaciones a esta hora ya son tardías. El veredicto social está dado: son corruptos.

Quizás, el mismo arzobispo y los que siguen sean sólo víctimas de un entramado administrativo. El problema es que cometieron el mismo pecado de inocencia que Pompeya.

O tal no. Quién sabe.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cerrar
Cerrar