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Progreso y optimismo: Dos ideas abandonadas por los gobiernos

El país del Centenario se proyectaba al mundo con aspiraciones de potencia. Una fotografía que contrasta con el país presente donde la decadencia y el analfabetismo son las políticas de Estado.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Una recorrida por los libros que trazan los conceptos que inspiraron el Congreso Pedagógico Internacional de 1882, al que asistieron educadores de varios países y del interior de la Argentina y que constituyó la base de la política educativa que formó el país del siglo veinte, revela que dos ideas presidían las mentes de los educadores y políticos: el Progreso y el Optimismo.

Con todos sus problemas sociales, propios de una sociedad con menos de dos siglos de vida, la Argentina de fines del siglo XIX y la del XX hasta 1955, fue un país modelo. Con una clase dirigente de alto nivel intelectual, combativa de valores cívicos y humanos. Políticos formados, con oratoria y mirada alta. Hombres y mujeres comprometidos con el progreso de la Patria.

Ese orgullo ha desaparecido. Toda aspiración a la formación académica es inexistente. La clase política argentina es un menú variopinto de la decadencia. La mayoría de los funcionarios son iletrados, verdaderos ágrafos que no saben coordinar ni siquiera una frase.

Tan mezquinos son en sus cerrazón mental que pudiendo contratar asesores que los eleven, les enseñen y los hagan parecer algo más inteligentes, utilizan en vez esos fondos para contratar amigotes, amantes, prestanombres que les dan su sueldo, cualquier cosa menos mejorar como personas.

Y quien no sabe no puede enseñar.

Aquellas ideas de Progreso y de Optimismo que fundaron el país, han sido cambiadas por las de abandono, licenciamiento, indisciplina, ignorancia, rapacidad, insolencia, inmoralidad pública y privada. ¿Qué progreso se puede esperar de gente así descalificada?

Lamentablemente el sino del país está marcado y ningún optimismo se puede abrigar frente a esta indolente clase política.

Menos todavía hablar de progreso cuando la involución es un dato diario de la realidad.

Educar, educar y educar, sería la fórmula para echar nuevas bases. Bien decía el General Manuel Belgrano: “Sin educación, el balde es cansarnos. Nunca seremos más de lo que somos”.

Ahora somos menos de lo que somos.

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