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Carapintadas: La paradoja de un país siniestrado

Pintarse la cara en la Argentina parece ser siempre un acto revolucionario y un recurso extremo. Los resultados nunca fueron positivos.

SALTA-REDACCIÓN.-  En la Argentina dislocada pintarse la cara siempre es un acto revolucionario y faccioso. No importa el motivo, hay que cubrirse el rostro con pintura de guerra para salir a combatir al enemigo que siempre es el que piensa distinto.

No hay claroscuros en un país pendular que pasa de dictaduras de derecha a dictaduras de izquierda.

Pintarse la cara es un acto de rebeldía y en todos los casos de incalculables consecuencias.

Generar actos revolucionarios en este país es siempre un buen recurso para ocultar datos de preocupante significación social. La historia demuestra que ninguna revolución en la Argentina resuelve nada. Tal vez, porque desde 1810 sólo hubo actos sediciosos y nunca una revolución en serio.

 

Pintarse la cara ¿color esperanza?

La Argentina es un país extremo, sin justo medio de prudencia. Exitista, que celebra hoy eufórico lo que mañana llora.

Mientras miles y miles celebran una ley y lo viven como un triunfo profético, a la par hay millones que agonizan a diario y cuya muerte se acelerará en los próximos meses: son los desnutridos, los jóvenes que se suicidan (cuyas estadísticas aumentan a diario y se ocultan), los ancianos que languidecen y que mientras miles se pintaban la cara de verde y festejaban, en la oscuridad fueron nuevamente saqueados.

Esta ley no detendrá la nueva ola de COVID que se cobrará miles de vidas más por la ignorancia que por la enfermedad en sí, porque la salud es un dato político no una política. Cuando conviene, el gobierno junta cientos de miles, cuando conviene, los aísla y los somete.

¿Qué esperanza existe para este país a pesar de este triunfo político del aborto? Casi ninguna. Porque es un país sin educación para prevenir, sin un sistema de salud para sostener lo que acaban de sancionar, sin seguridad para evitar más femicidios, sin justicia para equilibrar la balanza social. Y así…

Hay que aceptar que la sanción de esta ley ha sido un recurso desesperado del gobierno para ocultar su terrible fracaso.

Hoy, hay miles de argentinos festejando algo ajeno, sin darse cuenta que el dolor en que están inmersos es propio.

Hoy, la Argentina es más pobre, es más vil.

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