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Aguas del Norte: Porqué a Luis García Salado le dicen “IFE”: Inútil, Forro y Embustero

El presidente de la vaciada empresa Aguas del Norte no tiene una gota de ingenio ni capacidad para resolver el grave problema de la provisión de agua potable. Un caso de funcionario serial.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Existen dos clases de funcionarios públicos, los que tienen dignidad y los que como Luis García Salado se aferran a su cargo a pesar de saberse impotentes para dar una solución a los problemas que les toca atender.

Existe, sin embargo, una variable que justificaría tal aferramiento al cargo, una inteligencia superior que disparara ideas tan brillantes que hicieran palidecer al gobierno que le paga, pero luego de un año medrando en el cargo, lo único público que ha acumulado García Salado son denuncias. Como se puede comprobar, la chispa divina no alcanza a iluminar a todos los espíritus.

Un breve repaso –y porque uno es generoso- de nada más que los últimos seis meses de los titulares que hacen mención a este gachó, servirán para comprobar que la inutilidad es su tarjeta de presentación.

Porqué dicen que es un “Forro”

Haremos en este punto un poco de didáctica de la lengua castellana y argentina en particular, para iluminar el sentido del término “forro”, a fuer de no ser tachados de energúmenos con manía persecutoria hacia este funcionario que encuadra propiamente en la definición de indolente, Vgr: “Dícese del que tiene pereza y falta de voluntad para hacer una cosa.”, según enseña el Diccionario de la RAE.

¿Qué o quién es un “forro”, en el léxico argentino? Es aquel que carece de aptitud o bien es un genuflexo comprobado, el que jamás ha podido obrar ningún distingo personal salvo el ocupar cargos públicos, siempre con resultado lastimoso.

El “ser un forro” es una  frase popular que distingue al inepto, formada por un verbo de segunda conjugación en infinitivo (ser); un artículo indefinido, masculino y singular (un) y un sustantivo calificativo singular (forro).

Con esta vívida expresión se inquiere titular a un individuo como tardo, torpe, memo, mentecato, infeliz o tontaina –diría Óbelix en la celebrada saga de Uderzo-, en definitiva, incompetente. Esta argentina expresión designa básicamente y según la exégesis lingüística a “la persona que actúa con desprecio hacia los demás”.

Obviamente que someter a miles y miles de ciudadanos al padecimiento de NO contar con el esencial líquido elemento durante largas horas y/o días, es calificar en el marco de esta designación popular de “forro”. La literatura enseña también que en ocasiones se le agrega el aditamento de “Pinchado”, que pensamos aún no es el caso que nos ocupa.

El embuste como política

El credo popular tiene a tomar el calificativo de embustero como sinónimo de mentiroso y malandra, más enseñaremos también de que la gama de acepciones es más amplia, variada y piadosa; de hecho, apelando al propio Shakespeare podríamos predicar de este individuo que “Tiene más cabellos que talento, y más defectos que cabellos, y más riquezas que defectos», pues resulta un cuentista y marrullero calificado, toda vez que debe amenazársele con la Justicia para ir en busca de números reales en esa empresa que dice dirigir.

Es un embuste el que la empresa que dirige tenga un «Servicio de Atención al Cliente» que sólo conforma con un aséptico: «Hemos tomado nota de su caso y generamos el siguiente número de reclamo» ¡Pero sin ninguna solución! Así, el contribuyente termina empapelado de «números de reclamos».

Quien nada debe, nada esconde, sentencia el dicho popular, pero el caso es que este funcionario se esconde tras artilugios legales para no dar a conocer sueldos y gastos, siendo que la empresa Aguas del Norte es en un 90% propiedad del Estado, ergo, García Salado no conduce Techint, sino que es un simple y vulgar funcionario… que no funciona, como tampoco la empresa que dirige.

Un escudero peligroso

Los funcionarios –al talante de una literatura, claro- son los escuderos de sus gobernantes. ¿Cuánto duraría la vida del gobernador Gustavo Sáenz con un escudero como éste? No pedimos de Luis García Salado actos taumatúrgicos como los de Aarón, ni mucho menos que parado ante las cisternas levante una vara y haga brotar el agua cual Moisés, sólo que cumpla con el más elemental de los deberes de un individuo mediocre: tratar de ser un buen funcionario y que los ciudadanos de esta sufrida Salta puedan tener el lujo asiático de abrir sus canillas y que se vierta el agua… en lo posible, potable.-

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