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El desafío electoral que viene: ¿“Justicia Social o “Peronismo de polvera”?

El estado de la cuestión social imponer recuperar el imperio del concepto de justicia social pero aplicado a verdaderas políticas de Estado y abandonar el asistencialismo que profundiza la pobreza y fortalece la marginación de sectores cada vez más extendidos.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- La justicia social es un concepto fundacional del peronismo; sin embargo, de aquel Movimiento Nacional Justicialista va quedando sólo el nombre . Reducido a una estructura burocrática es una escalera para que los “vivos” accedan a los podios del poder, sin ningún tipo de compromiso social.

Desvanecieron aquel peronismo representó una verdadera revolución política, económica y social que pudo ser la plataforma de lanzamiento del país en la era de la globalización que nacía en la posguerra. En sus escritos Juan Domingo Perón anticipó con clarividencia los tiempos que sobrevendrían. Aquella frase “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados” hoy se comprueba como profética.

Aunque digan lo contrario, aquel movimiento de haber sido bien aprovechado podría haber roto con el paternalismo de una oligarquía que mantenía al país postrado en el modelo británico de la División Internacional del Trabajo, jugando su rol de país agrícola-ganadero como una factoría de los grandes capitales.

El producto era bueno en su formulación pero fracasó en su praxis, un tanto por el encomio personalista del “Líder” y otro tanto por el empeño de una oligarquía golpista que ante el dilema “Liberación o Dependencia” eligió esta última para mantener sus privilegios.

El peronismo con todo lo que significó no pudo vencer a la Corporación que fundó el país en 1810: Estancieros (Capital), Patricios (Fuerzas Armadas) y la Iglesia Católica (Entonces el bajo clero) y que digitó todos los momentos políticos que vivió el país.

El peronismo fue traicionado desde sus propias entrañas por una dirigencia pos-Perón que le fue arrebatando la mística y despedazando la doctrina. El “sentimiento peronista” inaugural yace reducido a letras de discursos y a enunciaciones vacías. Todo lo demás, su contenido inaugural, ha desaparecido.

De esta forma la “dirigencia peronista” quedó convertida en algo similar a los caparazones de los coleópteros que se hallan en los árboles:  quedó la forma  y adentro no hay nada… pero allí continúan prendidos.

En lo alto de las estructuras razonan al peronismo haciéndolo tan maleable como los intereses –sus intereses- lo requieran; entonces el “peronismo” se negocia, se agranda, se parte, se achica y en los últimos tiempos se “transversaliza”.

Este, pues, es el tiempo del “peronismo trans”.

Es el momento donde los dirigentes acuden a la “polvera” para maquillarse de peronistas ante  la masa repitiendo los dogmas de la misa peronista y que como está ocurriendo en los templos católicos, es cada vez más formal que visceral.

El kirchnerismo es el ejemplo más elocuente de esta mutación del peronismo. Es una remake del peronismo, pero no es tal, porque para entronizar al kichnerismo debieron destruir las banderas que el peronismo había llevado al nivel de política de Estado: la educación, el trabajo, la Patria…

Las generaciones actuales votan por un acto reflejo. Desconocen las fuentes de los partidos políticos. Desconocen, por ejemplo que la Unión Cívica Radical fue el primer partido nacional, popular y revolucionario que bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen alentó las primeras reformas sociales, luego remozadas por Perón en 1945.

La deuda histórica y política de un Tercer Movimiento

El brutal cambio de Era al que asistimos requiere para los tiempos venideros una síntesis, un Tercer Movimiento de concertación donde una nueva mística reproduzca el efecto mesiánico de aquel peronismo del ’45, pero en un ámbito de unidad nacional. Porque aquí solo no se salva nadie.

Esa síntesis no podrá articularse desde el kirchnerismo obviamente, porque es un movimiento totalitario y segmentario cuya filosofía y práctica se basan en la destrucción del tejido social. El kirchnerismo no tiene la estatura del peronismo que logró formar dentro de ese partido un arco que iba desde la ultra izquierda a la ultraderecha, al catolicismo, los judíos, los masones, todo. El kichnerismo es apenas un populismo con vocación de dictadura neomaoísta que repite el modelo cubano: una dirigencia enriquecida y un pueblo pobre y sometido.

En este punto donde se inicia una Nueva Historia para el mundo, la Argentina y la provincia de Salta en particular, la actual dirigencia peronista tiene la oportunidad de generar ese cambio anhelado. Para eso es necesario la aparición de líderes sociales que comiencen a transformar las estructuras desde la base, con trabajo vecinal. En este punto es donde el municipio juega su papel insoslayable como terreno fértil para la transformación futura de la sociedad.

¿Utopía?, Es posible. Pero como diría el General San Martín cuando le cuestionaron el Cruce de los Andes. “¡Es imposible, pero es imprescindible!”.

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