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Ceguera política e ignorancia: Claves de la decadencia de esta sociedad

La Argentina pasó de ser hace un siglo uno de los países más importantes de la Tierra a ocupar un oscuro lugar entre los llamados emergentes. La diferencia radica en la lucidez y cultura de su clase dirigente.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- En poco más de un siglo, un país como la República Argentina que florecía como uno de los más destacados hoy yace prácticamente ultimado. Una lectura de la historia dará la respuesta de las causas de estado de postergación.

Aquella transformación se debió al pensamiento lúcido de una clase dirigente como la de la llamada Generación del ’80, de donde Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini, quizás sean sus figuras más destacadas. Hombres que asumieron el concepto de progreso y lo aplicaron a la política.

Hoy, el relato de una historia desguazada se detiene en denostar a Roca o a Sarmiento, pero quienes lo impulsan lo hacen desde la mala intención y quienes lo defienden operan desde la ignorancia de los procesos históricos.

La decadencia argentina tiene fecha de inicio, el 6 de Setiembre de 1930 cuando el general José Félix Uriburu derrocó a Hipólito Yrigoyen iniciando la nefanda serie de golpes de Estado que destrozaron a la democracia argentina.

Con el regreso de la democracia en 1983, el gobierno de Raúl Alfonsín quiso dar un giro a este proceso decadente modificando el sistema educativo “para los próximos cien años”, tal como lo habían hecho en tiempos de Roca. Pero las circunstancias no eran las mismas, los egoísmos de izquierda y de derecha, la soberbia católica y la irracionalidad marxista convirtieron aquella experiencia en un fracaso.

Pero fue Carlos Menem el fundador de la tragedia argentina contemporánea. Traidor por excelencia, traicionó a su movimiento, al pensamiento peronista y a la Patria. Inició la destrucción de la educación con la Ley Federal de Educación y ese impulso hacia el abismo no se detuvo hasta el día de hoy en que los gobernantes han impulsado con mayor velocidad la decadencia del país.

La diferencia entre esos dos momentos de la historia es la cultura, la formación y la ideología. Aquella Generación del ’80 estuvo formada por hombres y mujeres de alta talla intelectual. Hoy, la dirigencia política hace gala de su ignorancia y de su incapacidad.

Otra distancia es aquella idea de progreso que colisiona con la mentalidad de rapiña y destrucción del Estado.

Aquella dirigencia quería edificar un Estado, la de hoy quiere llevarse los pedazos a sus casas.

Necesitamos volver a poner al país en la senda del progreso y para eso necesitamos reforma el sistema educativo según los cánones que impone el Nuevo Orden Mundial. Caso contrario seremos nada más que una factoría.

El problema es que para realizar este ejercicio político revolucionario, hacen falta hombres y mujeres de alta talla política y profundo sentido patriótico.

Dos condiciones que huelgan en esta clase dirigente.-

 

 

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