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“Síganme, no los voy a defraudar”…: La Argentina fue una fiesta

Ante el muerto, las adjetivaciones de índole moral resultan indebidas. Son sus acciones las que obran como fiscales de su paso por la vida.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Carlos Menem recibió un país literalmente en llamas. El golpe de estado económico urdido contra su antecesor, Raúl Alfonsín, le entregó al peronismo el país en las manos. El nombre de Miguel Ángel Roig, hombre del Grupo Bunge y Born –de fugaz presencia- en el ministerio de economía, fue el primer signo de que las corporaciones habían llegado al gobierno del país.

Las banderas electorales del “Salariazo” y la promesa de incorporar al país al «primer mundo», consolidaron una presidencia que resultó en una traición a las banderas históricas del peronismo hundiendo para siempre el Estado del Bienestar.

¿“Combatiendo al capital”?

Lo que se llamó apertura hacia el mundo no fue sino una entrega a mansalva del patrimonio nacional, una política que dañó severamente a la estructura económica y causó daños sociales que todavía se están pagando y que no se sabe si lograrán ser reparados, al menos en el mediano plazo.

Implantó un modelo neoliberal a ultranza que destruyó la industrialización incipiente producto de una importación sin control y el incremento de las tasas de interés junto al incremento de la deuda. La privatización de las empresas insignias del país, que si bien eran deficitarias por la tradicional mala administración, resultó un festival de la corrupción.

Contradictoriamente, los trabajadores, la joya del ideario peronista, con Menem resultaron la moneda de cambio del ingreso al primer mundo con la flexibilización laboral que votó el Congreso con la cual se pretendía reducir costos y aumentar la productividad.

Vastos sectores de la sociedad se vieron sumidos en la pobreza que trepó al 40%, con familias en la calle, sin trabajo y con su poder adquisitivo destruido.

Otra pata de la corrupción fueron los préstamos solicitados al FMI y el correlato de la fuga de capitales que incrementaron la deuda de U$S 63.000 millones a más U$S 115.000 millones al final del mandato

El Manual del Banco Mundial por la Constitución Nacional

El libro de cabecera del gobierno menemista fueron las directivas del Banco Mundial que dictaban el recorte de gastos del Estado: salud, educación, seguridad, fueron entre otros los campos donde se achicaron los presupuestos y cayó la calidad institucional sin que hasta ahora se haya podido recuperarlas. En el caso de la educación, se sancionó la Ley Federal de Educación que en los hechos achicó el presupuesto, licuó los contenidos, favoreció el crecimiento de la oferta privada sobre la pública y se mixturaron cursos.

Otra vez, los derechos de los trabajadores, conquistas peronistas de rango constitucional, fueron avasallados con la limitación del derecho a huelga, los contratos “basura” disfrazados de pasantías estudiantiles. La reducción de indemnizaciones en las Pymes y la eliminación de las horas extras, el fraccionamiento de las vacaciones, fueron parte del menú neoliberal aplicado.

Indultos, armas y traiciones

La épica arremetida judicial de Alfonsín contra los dictadores y las sentencias por delitos de lesa humanidad fueron diluidas con los indultos dictados por Menem con la Ley de Obediencia Debida y la de Punto Final, bajo el pretexto de pacificar el país, algo que debió hacerse aplicando la Justicia, no privándola de su imperio.

Como garante del Acuerdo de Paz, la Argentina de Menem terminó triangulando una operación de venta de armas a Ecuador –un escándalo diplomático- que culminó con la explosión del Arsenal de Río Tercero para borrar las pruebas del faltante, un atentado que costó vidas inocentes y la cárcel para muchos que no tuvieron nada que ver.

“Pizza con champagne”

Se impuso un modo de vida frívolo y se inculcó en el pueblo la idea de que ser mujeriego, enriquecerse a cualquier precio, no tener ni Dios ni Patria y ascender socialmente por el lucro de la corrupción y no por el trabajo, eran las claves para ser ganador. Ese modelo todavía goza de buena salud.

La Convertibilidad fue una ilusión porque nadie estuvo dispuesto pagar –ni entonces ni después- los costos de los ajustes necesarios, había que seguir la fiesta y así se hizo. Le estalló el sistema en las manos al gobierno de la Alianza que no contaba con funcionarios capacitados.

Lo demás es historia conocida.

Tal vez, lo único, lo mejor que tuvo Carlos Menem, fue ser hincha fanático de River Plate.-

 

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