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Hacia la Batalla de Salta: ¿Por qué Martín Güemes no estuvo en la Batalla del 20 de Febrero de 1813?

Pareciera una paradoja que el Héroe salteño no estuviera presente justamente en la Batalla que se dio en su provincia natal, escenario de sus glorias y en un enfrentamiento que decidió la suerte de las aspiraciones realistas.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Cuando el General Manuel Belgrano llegó a Salta en 1812 para hacerse cargo del Ejército del Norte tomó dos medidas de alto impacto: mandó a detener y extrañar de estas tierras al que fuera entonces el primer Obispo de Salta, el Dr. Nicolás Videla del Pino, corriendo la misma suerte de extradición el teniente coronel Martín Güemes.

En esas circunstancias estaba Belgrano cuando le llegara a sus oídos el rumor de que el Obispo Del Pino se carteaba con el general español José Manuel de Goyeneche. La reacción de Belgrano fue inmediata y mandó a intimarlo a que en el «perentorio término de veinticuatro horas» dejara el territorio de Salta, bajo el cargo de mantener comunicación con los enemigos.

El bando de Belgrano expresaba de esta manera su decisión:

«Ilustrísimo Señor: En el término de veinticuatro horas se pondrá V. S. I. en marcha para la capital de Buenos Aires, pidiendo todos los auxilios precisos, pero a su costa, al prefecto de ésa, a quien con esta fecha imparto la orden consecuente. Dios guarde a V. S. I. muchos años. Estancia del Río Blanco, 16 de abril de 1812. Manuel Belgrano (Cuartel general del Campo Santo, 29 de abril de 1812)».

Dr. Nicolás Videla del Pino – Primer Obispo de Salta

La correspondencia que dio lugar a esta decisión fue una carta interceptada del general Goyeneche al virrey del Perú Abascal en la que uno de sus párrafos hacía referencia a Videla del Pino, mencionándolo así:

«…de Salta avisó el obispo que las capitulaciones de Elío son fictas; lo cierto es que los pliegos para V. E. y para mí no han venido e ignoro absolutamente el estado de aquella capital (Montevideo), de la que hemos cogido Gazeta hasta 26 de noviembre (de 1811)»

El hecho concreto es que cartas ológrafas del obispo Videla del Pino  no aparecieron nunca a la luz de la historia, y dirá el Dr. Julián Toscano con su autoridad de que más se trató de una «calumnia inspirada por deseos de venganza de parte de algunos de sus enemigos personales».

De todos modos se plantea el interrogante respecto de cuál fue la razón que llevó al cristiano General Belgrano a proceder con tanta firmeza y dureza. Los historiadores coinciden en que la piedad y hasta la ingenuidad de Belgrano eran incapaces de llevarlo a urdir una mentira o siquiera alguna maquinación a causa de la cual estaba en juego nada menos que la fama y la libertad de un obispo. A eso, el autor agrega de su coleto, que hay que considerar también las presiones que debía soportar porque el triunfo de las armas en aquellas circunstancias era decisivo para la suerte del gobierno de Buenos Aires; así lo probaría luego el triunfo del 20 de Febrero de 1813. Si Belgrano no hubiera ganado aquella Batalla, nada habría detenido a los realistas hasta Córdoba y desde allí al Puerto y Buenos Aires hubiera seguido la suerte de todo el resto del Continente hacia 1816.

El castigo aplicado al Tte. Cnel. Martín Güemes

En el mes de junio de aquel año de 1812, Belgrano toma conocimiento por mentas que le hacen llegar a sus oídos de que el joven Güemes mantiene una vida amorosa desordenada y con mujeres casadas al parecer de preferencia.

Sabido es que en cuestiones de moral pública Manuel Belgrano era inflexible, de modo que procedió a separar a Güemes del Ejército del Norte y confinarlo primero a Santiago del Estero en razón de los actos de su vida privada. De nada valieron los excelentes informes por sus servicios prestados que tenía donde puede consignarse la toma de la fragata “Justine” a los ingleses en 1806 y el triunfo en la Batalla de Suipacha de 1810.

Soltero aún para entonces Güemes, sus amoríos con Juana Inguanzo, mujer casada –y luego separada- con un militar fueron causa de su extrañamiento a Santiago del Estero primero. Enterado luego Belgrano de que la dicha dama se había ido hacia esa ciudad, decidió enviar al salteño a Buenos Aires donde revistó en el Estado Mayor.

Por esta razón Martín Güemes no estuvo presente en la Batalla de Salta del 20 de Febrero de 1813.

De hecho, Güemes arriba a Buenos Aires el 20 de enero de ese 1813, pidiendo se le haga conocer el motivo de su confinamiento respondiendo el Estado Mayor que “no hay antecedente alguno”, por lo que el gobierno se dirige a Belgrano para que haga conocer las causas.

Es interesante meditar el texto de la respuesta de Belgrano al gobierno central, porque marca el pensamiento de aquella época; dice Belgrano en su oficio: “Habiéndome informado el alcalde de la ciudad de Santiago don Germán Lugones de la escandalosa conducta del teniente coronel graduado, don Martín Güemes, con doña Juana Inguanzo, esposa de don Sebastián Mella, teniente de dragones en el ejército de mi mando, por vivir ambos en aquella ciudad aposentados en una sola mansión, y habiendo adquirido noticias que este oficial ha escandalizado públicamente mucho antes de ahora con esta mujer en la ciudad de Jujuy… Con estos antecedentes indubitables, considerando que cualquier procedimiento judicial sobre la materia sería demasiado escandaloso y acaso ineficaz, he tomado la resolución de mandarle a Güemes … Espero que vuestra excelencia se dignara aprobar estas medidas en que sólo he tenido por objeto la conservación del orden, el respeto a la religión…

La amistad entre Belgrano Y Güemes

La maledicencia no pudo, sin embargo, hallar resquicio para mellar la amistad que se celebraría ente los Próceres y que resultaría inmarcesible hasta el fin de sus días. Poco tiempo después de la Batalla de Salta -15 de abril de 1813- Belgrano le escribe a Chiclana, a cargo del gobierno en Salta:

”…Si usted no presta oídos más que a los patriotas, le llenarán la cabeza de especies,…estoy arrepentido, usted sabe cuál es mi lenguaje y siempre digo lo que siento…”

Finalmente, el  9 de septiembre de 1816, Belgrano noblemente se reconcilia con Güemes en una carta donde le dice: “Mi amigo y compañero querido…”

Decenas de cartas que intercambiaran Belgrano y Güemes dejarán como testimonio para la historia que cuando los ideales son superiores, las actitudes mezquinas de los hombres son superadas por aquellos que miran más allá de las pasiones humanas.

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