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“Perón, Perón, qué grande sos”: Por qué el Justicialismo en Salta será ganador mientras los radicales se disuelven

En Salta el peronismo se fortifica incluso en sus divisiones mientras los radicales se van desgranando cada vez más. El espíritu de cuerpo abroquelado por la mística y la vocación de poder están en la base de estas diferencias.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Aunque muchos “se rasquen con un marlo”, el justicialismo se “comerá la cancha” en estas próximas elecciones y además ordenará una reforma constitucional como traje a medida. Afuera, una ciudadanía agobiada mira apática el reordenamiento del ajedrez político de Salta.

Sin entrar en las complejidad ni entresijos del asunto, un análisis somero y a sobrevuelo sirve para ubicar las cosas en su lugar.

Luego del paso de Juan Manuel Urtubey por la política de Salta todo quedó como el pueblo de Guernica tras el vuelo de la Brigada Halcón, en ruinas, uno de los más afectados fue el propio Partido Justicialista que llegó al extremo de no ganar ni un concejal.

Con Gustavo Sáenz se reconquistaron nuevamente espacios de poder pero había que organizar la tropa y en esto los muchachos peronistas son más eficaces que Aníbal para invadir a Roma, paran en el campo hasta los viejos elefantes y le dan para adelante.

La reformulación de la Comisión de Acción Política (CAP) con la decapitación de un viejo y mañoso dirigente como Manuel Santiago Godoy –El Indio- que tenía las mismas propiedades físicas del corcho: servía para obstruir, hundido hasta el fondo saltaba nuevamente a la superficie y se mantenía a flote en aguas turbulentas y que sometido a la acción del fuego producía un tizne que servía para salir disfrazado de negrito en fiestas patrias o camuflarse como compañero peronistas, le otorgó al justicialismo una carta ganadora, sin duda.

La llegada a la presidencia de la CAP de un hombre pragmático como Pablo Outes –El Loro-, le otorgó esa configuración plástica que el PJ de Salta necesitaba como para sortear este momento de intenso cambio social y político.

Un ejemplo testigo de esta condición de adaptación al terreno es la consagración en el último Congreso del Justicialismo de un histórico dirigente como Miguel Ángel Isa en la presidencia del Pj de Salta cuyo discurso habla de diálogo con todos y consenso. 

 

Más peronistas y menos radicales

Y ÉSTE ES EL DATO MÁS IMPORTANTE: mientras en la CAP los compañeros aceptaron a las distintas expresiones del peronismo, al frente, los correligionarios radicales se muerden entre ellos y la dirigencia actual y actuante –digámoslo así- en lugar de cohesionar, de tener una mirada de conjunto, se dedica a la caza de brujas. En vez de sumar, echa y suspende militantes y dirigentes. Incluso ¡sanciona hasta afiliados fallecidos!

En esto nomás los peronistas ya se distinguen porque ellos suman y hasta pueden hacer que los fallecidos voten, por ellos, se entiende.

 

¿Y ahora qué hacemos? El consenso como garantía de institucionalidad

El peronismo en Salta ha reaccionado con lucidez y este no es un halago gratuito sino un dato de la realidad. Mientras la conducción oficial del radicalismo en cabeza de Miguel Nanni sigue dando muestras de su paupérrima reacción neuronal, su ceguera política y su codicia personal, los peronistas se muestran generosos, dialogan y concilian.

La izquierda pura se va perdiendo en el tiempo y la ultra derecha también, salvo esbirros de ambos sectores que se camuflan aquí y allá para sobrevivir, pero son casos puntuales de dirigentes acostumbrados a ser funcionales al que gobierne.

Conviene estudiar este fenómeno del justicialismo donde en el fondo, más allá de los arreglos y conveniencias existe una razón superior a todo eso: La Doctrina Justicialista.

En tiempos en donde se han perdido los valores, el peronismo mantiene en el rescoldo de los corazones ese sentimiento inspirado en las “20 verdades peronistas”, en la mística peronista y esa “fratellanza” o ánimo fraternal que hilvana un sentimiento común: “Para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista”, no importa que responda a una facción u otra. Como decía el propio Perón: “Los muchachos se ponen nombres, arman grupos, pero al final, son todos peronistas”.

Bajo este concepto de unidad, el peronismo sale a conciliar, forma frentes donde ingresan todos los que quieran hacerlo, traza alianzas con estos y con aquellos.

Los radicales en cambio se dividen y han olvidado su mística cívica y republicana. No se ha vuelto escuchar “Adelante radicales, adelante sin cesar, con Hipólito Yrigoyen y el partido radical…”, no se habla de los valores de Alem, Lebbenson, de Illía… de nadie. Ni siquiera de Alfonsín.

El sector radical mayoritario que entendió con lucidez el signo de los tiempos y que las alianzas estratégicas son necesarias para la democracia actual y apoyó el proyecto de Gustavo Sáenz, ha sido suspendido del partido. Los que vendieron la UCR a un proyecto absolutista como el de Alfredo Olmedo, ahora buscan auspiciante y los que no quieren ni una ni otra cosa, algunos quedan boyando y otros… ¡arreglan con el Justicialismo!

Mientras los radicales se pelean, los peronistas se amasijan pero a diferencia y como también dijera Perón: “son como los gatos, parece que se pelean pero en realidad se están reproduciendo”.

Así las cosas, lo que viene en adelante no debe sorprender a nadie. El justicialismo en Salta se pelará la fruta, simplemente porque en la crisis han sabido exhumar la Doctrina, barnizar de nuevo la mística y cantar juntos batiendo los dedos en “V”: “Todos unidos triunfaremos”.

Y así será.-

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