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Manuel Belgrano y la Salud Pública: El funcionario y el militar que vacunaba primero a la población y a sus soldados sin recibirla él mismo

El General Manuel Belgrano fue el primer funcionario público en atender las necesidades de vacuna de la población frente a la viruela, sin reclamar ser vacunado él porque “primero están las nobles gentes, los soldados y los pobres”.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- La personalidad de Manuel Belgrano es inmensa en sus aspectos espirituales, morales, cívicos, sociales, culturales y patrióticos. Donde se busque, en cada uno de ellos habrá un ejemplo de humanidad y desinterés. En materia de salud pública también fue un precursor utilizando las páginas del primer periódico que transcurrió en Buenos Aires –“El Comercio”- para difundir la necesidad de vacunar al pueblo.

Hacia fines del siglo XVIII cuando Belgrano cursaba su niñez, distintas epidemias asolaban aquella Buenos Aires. La viruela, la más difundida, además del sarampión, el cólera, la malaria y otras que recurrentemente padecían los habitantes.

De hecho, dos de sus hermanas –María Florencia y Ana María Estanislada- habían fallecido a causa de estas epidemias que también mataron al niño de la primera y se llevaron a la segunda a la corta edad de dos años.

También las pandemias virales eran cosas conocidas en la época; el sacerdote dominico, Domingo Estanislao Belgrano, dos años mayor que Manuel le escribía a éste que estaba en España que: “la universal peste que corre, por esta ciudad y hace doblar las campanas más de lo regular”.

Ya instalado Manuel Belgrano en  el Consulado en Buenos Aires, consumió sus preocupaciones en difundir las novedades de la medicina que llegaban desde Europa en “El Comercio” y luego en “El Telégrafo Mercantil” (1801-1802).

Portada de una separata con instrucciones para vacunar, publicada en Buenos Aires en 1813

 

La figura del Padre Saturnino Segurola

Este presbítero fue un precursor de la “Beneficencia Pública” como titulaba Belgrano un artículo en marzo de 1810, dado a vacunar gratuitamente contra la viruela “en esta Capital y en la campaña”. Hay que pensar lo que significaba esto en esos tiempos con las limitaciones de recursos y transporte.

Padre Saturnino Segurola, promotor de la vacunación pública en Buenos Aires- 1810

Para Manuel Belgrano la salud pública era un bien social esencial y en otra nota insta a que los párrocos y las personas más notables reúnan recursos para “para construir una escuela para mujeres –y que- “cada parroquia (tenga) un médico para los pobres, viviendo en ellas y no necesitarían muchos de aquellos ir a los Hospitales, hallando quien los atendiese en sus propias casas, de que no sacaría pocas ventajas la humanidad”.

Llegó a publicar Belgrano una separata de autoría del Doctor Justo García Valdés, notable médico, advirtiendo sobre los cuidados para no contraer la hidrofobia.

También publicó Belgrano artículos sobre el tratamiento de la gota y sobre cómo atender la hidropesía, la enfermedad que le llevaría la vida a él mismo.

Militar por imperio de las circunstancias

Sabido es que Manuel Belgrano hubo de asumir el mando de una columna de menesterosos que llamaron “Ejército” para partir al Paraguay a llevar la idea de revolución. El saldo militar de aquella empresa fue desastroso pero tuvo un marcado éxito humanitario no muy conocido ni divulgado.

Hacia 1810 la viruela se hacía sentir y asolaba pueblos y aún dentro de las filas de sus soldados. No dudó en detener la marcha para que en San Nicolás de los Arroyos el médico, Francisco de Paula Rivero, comisario de vacunación inoculara a los vecinos y combatientes.

Como jefe militar, una de las primeras preocupaciones de Belgrano fue siempre la salud de sus soldados. Recorría en las noches el campamento antes de acostarse para informarse del estado de los enfermos y ordenar las administraciones médicas necesarias.

Cuando se le ordena hacerse cargo del desvencijado Ejército del Norte su primer reclamo son medicamentos para la tropa que “padece los efectos del “chucho””, advirtiendo que las condiciones de la zona son proclives para el contagio de las fiebres. En un parte de abril de 1812, ya en Salta, escribe: “cuento con 1.500 hombres en el ejército, pero la mitad de ellos están enfermos”.

En todos los casos las crónicas son coincidentes, la vacunación y atención médica debían ser primero para sus soldados, para los habitantes de los pueblos por donde pasaba ¡Sin pedir él mismo que se le aplique por ser primero el beneficio de los demás!

Una muestra más de la alta virtud y sentido ético que presidían la vida de Manuel Belgrano.

 

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