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“Sube la papa, sube el carbón, el 24, sube Perón”: El día en que cambió la historia de la argentina contemporánea

El 24 de Febrero de 1946, la fórmula “Perón-Quijano” obtenía un contundente triunfo en las elecciones derrotando a la Unión Democrática sostenida por EE.UU. y la oligarquía argentina. Nada volvió a ser igual desde entonces en la política.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- La Historia es eso, historia, tan aséptica como los documentos prueben los hechos. Las opiniones en cambio sí son subjetivas y deben serlo, aunque deseable sería que estuvieran teñidas de la prudencia y no del fanatismo.

Introducción para pincelar un tema que enfervoriza a muchos y arrebata a tantos otros: un día como hoy, 24 de Febrero de 1946, se daba el primer triunfo electoral del peronismo que consagró a la fórmula “Juan Domingo Perón-Hortensio Quijano”, en la presidencia de la Nación.

En rigor el peronismo como tal no existía, Perón llega al poder en lo que hoy llamaríamos un Frente conformado por el Partido Laborista y la Junta Renovadora Radical, como se ve, nada es nuevo en la historia. De hecho, Aristóteles planteaba lo recurrente de los hechos en la historia señalando que “episodios como la Guerra de Troya pueden volver a repetirse”.

En la oposición también se abroquelaba otro Frente con la fórmula “Tamborini-Mosca” que reunía en la Unión Democrática a la Unión Cívica Radical (Comité Nacional), el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista, de neto corte antipopular, tanto que en su proclama al cierre campaña se expresaba que: “Cerraremos definitivamente el paso a las hordas que agravian la cultura convertidos en agentes de una dictadura imposible…”

Caricatura de la época

Aquellas elecciones fueron diferentes a cualquier comicio conocido hasta entonces en el país porque habían sido acunadas en el marco de un fervor popular también desconocido. Durante la campaña “los muchachos” cantaban en las tribunas de los estadios en los partidos de fútbol sonsonetes como “Yo te daré, te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P: Perón”

La llamada oligarquía acusaba el golpe y oponía lo que siempre tuvo como arma electoral, el dinero, las influencias y el apriete, el intento de fraude, incluso. Pero en los barrios, en la periferia de los grandes centros urbanos del país se escuchaba como un rumor que ululaba despaciosamente tomando cada vez más cuerpo: ¡Perón!

El apellido de ese militar que había destituido al gobierno conservador de Ramón Castillo, el último de la zaga de la llamada “Década Infame”, una situación que el historiador Miguel Ángel Scenna describió como «la contratapa histórica del golpe del 6 de septiembre de 1930.» «En 1930 concluyó un gobierno legal; en 1943 terminó un gobierno semilegal».

Juan Domingo Perón emitiendo su voto el 24 de Febrero de 1946

 El conventillo, la fábrica, los talleres, aquellos protosindicatos que habían sido posibles gracias a ese militar desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, toda una masa de argentinos movilizados detrás de un proyecto común, buscando consolidar a través del sufragio los derechos sociales adquiridos. Todos cantando y pintando en las paredes aquella frase que pasó a la historia:: “Sube la papa, sube el carbón, el 24 sube Juan Perón”.

Y así resultó, en unos comicios que el propio Departamento de Estado norteamericano describió como “extremadamente limpios” y controlados por el Ejército Argentino, la fórmula “Perón-Quijano” se alzó con 1.478.372  votos-el 52,40%- -el 52,40%-, derrotando a la Unión Democrática que cosechó 1.211.666 sufragios.

Papeleta o voto utilizada en aquella jornada

Conviene acentuar –siguiendo a todos los historiadores de ese fenómeno- que esas elecciones pasaron a la historia por dos razones: “por ser los comicios más puros, transparentes y sin viso alguno de fraude  realizados hasta el momento”. Y la segunda, porque era la primera vez que en la República Argentina la clase obrera, los desposeídos, los “descamisados”, llevaban a la Primera Magistratura del país a un líder que los comprendía y los consentía.

Eva Duarte, Juan D. Perón y Hortensio Quijano, leyendo los resultados de los comicios

Aquella victoria tenía incluso un condimento más, la extracción más baja del pueblo le había torcido el brazo a los designios del Departamento de Estado de EE.UU. que había operado dentro de la Unión Democrática a través de su embajador, Mr. Spruille Braden, y su corte de socios del Jockey Club, de la Sociedad Rural Argentina, los “radicales de galera”, como se les decía a los que no estaban alineados con el Yrigoyenismo, al Club del Progreso, los socios del Círculo Militar y un variopinto menú de socialistas amarillos, “conservadores apátridas”, según alguna expresión. La chusma había vencido al atildado sistema conservador.

Publicación de la época que refleja la dicotomía «Braden o Perón» que caracterizó a esas elecciones.

Lo que siguió es historia más o menos conocida o mal contada. Como sea, “harina de otro costal”, con su devenir de lealtades y traiciones, de juramentos y negociados, de peronistas auténticos y de quienes hicieron –y hacen- negocio con el peronismo.

El hecho histórico es éste: el contundente triunfo que consagró a líder, que formó un Movimiento, con lo que eso significa, y que todavía hoy, a más de siete décadas de aquellos días continúa siendo omnipresente en la vida de los argentinos.-

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