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Pactos Lateranenses: Cuando Benito Mussolini permitió la creación de la Ciudad del Vaticano

Hasta 1870 los Estados Pontificios habían sido gobernador por los Papas de manera absolutista y soberana. Desde ese año quedaron bajo la férula del Reino de Italia generándose una serie de disputas que se resolvieron cuando Benito Mussolini firmó la creación del Estado Vaticano.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Quizás a propósito, jamás se establecieron los límites y las distancias entre la fe Cristiana y la Iglesia Católica como administradora de la misma.

El catolicismo como tal es tardío respecto del Cristianismo ya que nace con el Edicto de Milán en el año 313 d. C., cuando el Emperador Constantino I El Grande echa un manto de tolerancia sobre todas las religiones del imperio. En virtud de esta normativa el cristianismo pasa de ser una religión perseguida a practicarse libremente. Es un error decir que desde ese año -313- el cristianismo es “religión oficial” del Estado pues habrá que esperar al Edicto de Tesalónica en 380 para que recién se le reconozca tal carácter.

Breve historia de los Estados Pontificios

Para comprender el sentido de los Pactos Lateranenses que dieron origen al Estado Vaticano, hay que conocer los lejanos orígenes del problema. Desde el año 751 d.C y por más de un milenio los Papas fueron anexando territorios a lo largo de la península itálica, conocidos como Estados Pontificios. Hay que recordar que el papado romano era una potencia en sí misma, con ejército, armada y era el árbitro en el manejo de las casas reales europeas: nadie era emperador si no era coronado por el Papa.

En rápida evolución digamos que hacia marzo de 1861 cuando el Reino de Italia recién se había constituido, el primer parlamento declaró a Roma como capital, lo cual trajo un problema porque hasta allí la Ciudad Eterna seguía siendo también la capital de aquellos Estados Pontificios.

Por disposición de Napoleón III, una guardia de soldados franceses se destacó en Roma para proteger a los Papas, obligando a que la sede del gobierno del Reino de Italia tuviera que trasladarse a Florencia.

Coincide esa época de conflicto con el papado de Pío IX –Pío Nono-, el pontificado más largo de la historia a cargo de un individuo irascible y auto declarado “enemigo de la modernidad”, acusado además de ser masón a pesar de que en las apariencias combatió a la masonería. Pío IX rechazó la oferta del Rey de Italia de “guardar las apariencias” permitiendo que las tropas italianas se estacionen en esa capital para proteger al papado.

El Rey ordenó entonces a sus tropas sitiar a Roma, el Papa huyó y se declaró “Prisionero en el Vaticano”, una actitud que mantuvieron sus sucesores –León XIII, Pío X, Benedicto XV y Pío XI-, dando lugar a lo que se llamó “La Cuestión Romana”.

Los Pactos Lateranenses

En 1922 asume el Trono de San Pedro, el cardenal Achille Ratti con el nombre de Pío XI. Hombre diplomático que venía dispuesto a superar esta “Cuestión Romana” iniciando negociaciones bilaterales con el gobierno italiano, para entonces bajo el régimen fascista de Benito Mussolini.

Si bien el fascismo no tenía antecedentes laicistas tampoco era proclive al catolicismo, de hecho, su sello era un fuerte anticlericalismo: “La fuerza vale más que la religión”.

Pero las circunstancias internacionales recomendaban tanto al papado como a la dictadura de Mussolini un acercamiento y la superación de la dicha “Cuestión Romana”.

Nace el Estado Vaticano moderno

En suma, Pío XI exhuma aquellas “garantías papales” que anteriores gobiernos habían ofrecido a sus antecesores y Mussolini por su parte agrega el reconocimiento al Papado como “sujeto de derecho internacional” lo cual en los hechos significaba un reconocimiento como Estado Soberano.

Así el 11 de febrero de 1929 se firmó el Tratado de Letrán, conocido también como “Pactos Lateranenses” entre el cardenal Pietro Gasparri en nombre de Pío IX y el Primer Ministro italiano, Benito Mussolini, por los cuales el Estado italiano reconocía la soberanía del Vaticano y la Santa Sede que habían sido desarticuladas bajo el reino de Italia; el Papa dejó de ser visto “como un inquilino de Roma”.

Para entonces el Vaticano estaba literalmente en ruinas, el Tratado firmado con Mussolini le permitió acceder al pago de una cantidad de millones de dólares que luego hábiles financistas, algunos operadores de la mafia, multiplicarían a través de todo tipo de inversiones y negocios.

El Papa obtuvo el rango de jefe de estado y por lo tanto las inmunidades y reconocimientos diplomáticos.

La Iglesia también accedió a través de este Tratado al manejo de la educación pública y la política con la creación de la Democracia Cristiana para combatir al comunismo creciente.

Fue la firma de Benito Mussolini quien permitió entonces el nacimiento de la Ciudad del Vaticano, quien para recordar este hecho construyó la Vía de la Consolazione, que es la avenida que lleva desde Roma hasta la Plaza de San Pedro.-

 

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