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El delito de doble matrimonio y la Casa de Recogidas en Salta

Siempre al abrigo de los mandatos católicos, las sociedades coloniales como Salta mantenían severas reglas en materia de conductas morales.

SALTA-REDACCIÓN.- De todos los delitos que fueron componiendo el Corpus jurídico, el de bigamia es uno de los que más largo arraigo tiene. En Las Partidas ya se castigaba específicamente este delito de Doble Matrimonio.

Como es sabido, la bígama es el estado de un hombre casado con dos mujeres al mismo tiempo, o al revés, el de una mujer con dos varones, aunque también se incluía en este concepto al cónyuge supérstite de un matrimonio que se volvía a casar.

Las penas en aquella antigüedad medieval iban desde el destierro en algún solitario del que cometía bigamia o de ambos en soledades diferentes. En otros casos se les marcaba la frente con un hierro candente la letra “B” de bígamos, claro.

En un prolijo trabajo, las profesoras Marcela Cisneros y Susana Caro de Bassani[1], recuerdan el caso de Nicolás Salguero, natural de Córdoba que solicita contraer matrimonio con la mulata Polonia, esclava de don Pablo Vidal.

Ante la situación intervienen el notario público, Antonio Gil Infante y el juez eclesiástico, Gabriel Gómez Recio, tomando declaración a dos testigos quienes certifican que el tal Salguero es viudo ya que su esposa, Eusebia Guzmán “sobrina de Juancho Pinto” falleció “hará ya seis años”, permitiéndose así el matrimonio solicitado en la Iglesia Matriz de Salta.

El caso es que a poco más de un año de sucedido aquel enlace, presentose ante el Juzgado, Pedro Romano, vecino del pueblo de Cosquín, denunciando “haber visto poco más de cuatro meses viva a Eusebia Guzmán en el Paraje Las Palmitas”, quien enviara mensaje a Salguero pidiéndole que vuelva porque pasaba muchas necesidades.

Cuestión que tramitado el expediente con las singularidades del caso en esa época donde interviniera hasta el Deán Gregorio Funes en el asunto, concluido de que Eusebia vivía y Salguero había incurrido, se giraron los resultados a Salta donde conocido por el tal Salguero que el asunto se había destapado, se dio a la fuga sin más, “sin volver a tener noticias de su persona”.

La Casa de Recogidas

Ya decía León Pinelo en «Velos antiguos i modernos en los rostros de las mugeres», que “»Quien ignora que la honestidad i pudicia es la dote mas precioa de la mujer?», por lo tanto aquella sociedad colonial donde la mujer era de índole inferior al hombre, nacida para la sujeción y humildad así como un ser proclive al pecado y de disposición «, cuando concurría en un caso de divorcio o repudio por parte del marido, siempre se presumía su “culpabilidad” en el asunto, luego había que cuidar que durante ese tránsito sin marido su honra estuviera a salvo, de donde se la instalaba en una “Casa de Recogidas” hasta que la sustanciación del divorcio –por ejemplo- finalizara.

Esto era así porque siendo la mujer “alevosa y ramera, y vilísimo cieno, y basura de la más hedionda de todas y la más despreciada…»[2], además “golosas y comedoras”, la sociedad debía cuidarse de estos seres morigerando sus costumbres.

Así, en Salta como en toda la Hispanoamérica de entonces funcionó una Casa de Recogidas en el solar donde hoy se levanta el Convento de San Bernardo, donde eran enviadas en guarda las mujeres a fin de “corregir sus libidinosas costumbres” o evitar que sin marido cayeran en ellas.

Este instituto tan particular también se llevaba a cabo en casas de familias reconocidas que aceptaban a recibir a la mujer en causa. Se comenta del caso de don Leonel Arias que aceptando recibir a la mujer de un conocido mientras definían el divorcio, pasado corto tiempo llamó al todavía marido “para que la retire pues la doña come demasiado y está afectando el presupuesto familiar”.

Cosas de la Salta de antes.-

[1] Delito de Doble Matrimonio en “I Jornadas de Historia de Salta”. Talleres Gráficos Aráoz Anzóatregui. 1984.

[2] (1) Fray Luis de León, La perfecta casada, (1583), Madrid-España, 1946, p.26.

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