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Un imperativo de la hora: ¡Todos alineados con Alberto!

El totalitarismo de CFK muestra su rostro más pavoroso embistiendo contra el presidente que puso en funciones. El terror ante una nueva derrota la impulsa a atentar contra la institucionalidad. Es hora de proteger a la figura del presidente.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- El resultado adverso de las urnas ha terminado con la farsa y como en el antiguo teatro griego los actores han cambiado de máscara. La comedia se ha transformado en tragedia y hoy es un imperativo de la hora que todos estén alineados con Alberto.

La escena rememora los tiempos en que la gobernabilidad era desestabilizada y se llamaba a un golpe de Estado como “solución final”. Desde 1930 hasta 1976 esta fue una fórmula incorporada a la política argentina. Eran tiempos en que los generales subían a los tanques cuyo combustible era pagado por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano. Hoy no están para pagar la nafta y tampoco quedan tanques… tampoco militares golpistas. Gracias a Dios, diremos.

Las circunstancias han transparentado las razones de la crisis política que acucia al gobierno de Alberto Fernández, que no son otras que la ambición hegemónica que anida en la cabeza de CFK que piensa en un país imposible.

Esta vez la conspiración no se organizó en el edificio de la Embajada de los Estados Unidos sino en un departamento de Recoleta. Los enemigos no son extranjeros sino de la propia simiente. El país asiste a una desesperada maniobra para salvar la impunidad más absoluta.

En estas horas la megalomanía de una persona ha empujado al país a una crisis que derrumbó en Wall Street las acciones argentinas que con el resultado electoral del pasado 12/9 habían trepado hasta 15 puntos; además, ha puesto en jaque nada menos que a las Instituciones de la República y a la figura del presidente de la Nación.

De manera entonces que el imperativo para todo argentino es deponer momentáneamente los antagonismos, preservar su ideología y encolumnarnos todos buscando el fortalecimiento de la figura presidencial, con abstracción de lo que este presidente pueda llegar a decir que muchas veces no resulta en un pensamiento feliz, pero ¡Es el presidente!

Una voluntad popular mayoritaria lo votó y debe terminar su mandato.

Hoy –repito- hay que proteger la institucionalidad. En dos años votemos otra cosa.

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