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Jorge Oscar Folloni:  Una oportunidad para crear un Movimiento Político serio en una Salta deprimida

Una paradoja: un dirigente de 84 años tiene que salir de las sombras para recuperar un partido que había sido desguazado y vendido en partes. Pero demuestra además que la calidad supera a la edad, ya que fueron los jóvenes los que hundieron al PRS y a la democracia salteña..

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Terminó el tiempo de ese enjuague extraño llamado “PARES”, que algún ingenioso tradujo como PAjarracos RESucitados”, una suerte de aguantadero de personajes sin lustre intelectual y con una desmedida ambición por vivir del Estado.

Este “PARES” fue más bien “NONES”, palabra esta última derivada del latín –de “Non”- que puede traducirse como “ni una cosa”; y tal cual, durante el reinado de “PARES” no hicieron “ni una cosa” buena, salvo vender el sello partidario al mejor postor.

¿Qué le aportaron a la democracia de Salta en estas últimas décadas? ¡Nada!

El imperio de lo clásico

Se define como clásico aquello que resulta un “modelo digno de imitar”. Clásico es el que ha escrito una gran obra o ha realizado alguna. Suele decirse que la Grecia o la Roma antigua construyeron un “mundo clásico que dejó una huella indeleble en la humanidad».

El veterano dirigente, Jorge Oscar Folloni, ingresa en esa categoría de lo clásico, porque mal que les pese a los denominados “progres”, pertenece a esa estirpe política que trazó una marca indeleble en la historia política de la Salta contemporánea. ¿O acaso hay que explicar quién es Jorge Oscar Folloni y cuál es su trayectoria?

Folloni puede exhibir a diferencia de la gran mayoría de políticos baratos que pueblan cargos y escaños legislativos, un “Cursus Honorum” potente. Labrado con inteligencia y honradez de procedimientos.

Fue el hombre que junto a radicales como Carlos “Langosta” Saravia Day, Fernando Saravia Toledo, incluso Eduardo “El Garfio” Barrionuevo, hacían de los debates de la Cámara de Diputados una delicia para el espíritu de la democracia. Barrionuevo, un peronista de “fierro” no tenía la instrucción de los otros, pero era capaz de darles vuelta un debate. Hoy, la Legislatura es un sembradío de mediocridades, particularmente el Senado donde sólo se muestran para el “Panem et Circenses”.

La oportunidad de consolidar una oposición seria

Otra de las cosas que ha perdido la democracia contemporánea es el concepto de oposición. Hoy, salvo muy contadas y honrosas excepciones, se entiende que oponerse es ladrar. Utilizan los medios de comunicación para denostar, calumniar, a veces denunciar, y a ese ejercicio del menudeo dialéctico llaman “oposición”.

Ser opositor es tener el don del profeta: denunciar y anunciar también.

La salida al ruedo de Jorge Oscar Folloni resultaría una oportunidad más que interesante para que otros sectores del mismo nivel intelectual, como ese enorme plexo de radicales despreciados por el “O’Nannismo” soberbio, junto a sectores del peronismo y aún de la izquierda pensante, conformen un Movimiento Político que podría marcar un hito en la historia de la democracia contemporánea en Salta.

Un gobierno sin oposición es un gobierno que corre el riesgo de caer sobre sus bases debido al sobrepeso de sus estructuras. La falta de oposición es un peligro para el que gobierna por las tentaciones que proporciona el autoritarismo.

Un gobierno sin oposición –como le ocurrió a Juan Manuel Urtubey que en su megalomanía le faltó sólo nombrar a su caballo “Tío Julio” senador- (Y quizás hubiera manejado el Senado mejor que Andrés Zottos), termina destrozándose a sí mismo. Porque –como enseña Aristóteles-, el gobierno de uno –la monarquía- se degenera en tiranía. Lógico, nuestra Constitución Nacional no admite monarcas, aunque algunos se sientan tales.

En definitiva, esta paradoja de que una figura consular retorne a la política, se plantea como una oportunidad para darle una bocanada de aire fresco a esta política salteña que hasta ahora tiene una carga viral más nociva que el COVID-19, es cada día más irrespirable aunque no quieran admitirlo.

Folloni no es un dirigente sino un líder político. Por eso puede salir del ostracismo y repetir aquello de Julio César: “Veni, Vidi, Vinci”.

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