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¿Qué vamos a celebrar hoy, 1 de Mayo de 2021?: El trabajo, el político y la dignidad perdida

Necesitamos recuperar la dignidad del trabajo, vigorizar la política con trabajadores y jugar nuestra última carta para tratar de devolverle a este país y a esta provincia la dignidad de ser ciudadano y no un simple elector.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.– En jornadas como la presente se suele leer invocaciones a la “dignidad del Trabajo”, a la “conciencia del trabajador” y sentencias del estilo que en boca de políticos son como el sonido de caracolas que engañan con un sonido de mar cuando en realidad están vacíos.

La República Argentina es un país forjado en el trabajo de los criollos que labraron primero la tierra, de los inmigrantes que vinieron a “Fare l’América”, a construirla, no a robársela. Este país se consolidó con “Sangre, sudor y lágrimas” y así conoció el esplendor del Centenario.

Hoy todo eso es olvido, ni siquiera es historia porque ya no se estudia.  Peor aún, les enseñaron que trabajar es contrario a la naturaleza del individuo y que deben ser mantenidos por el Estado.

¿Qué vamos a celebrar hoy, 1 de Mayo de 2021?

¿Cómo celebrar el “Día del Trabajador” en un país donde ya vamos camino a alcanzar la tercera generación de gente que nunca vio trabajar, que no trabaja y que no tiene la más mínima intención de trabajar?

El discurso político sobre el trabajo es una hipocresía institucional porque ni siquiera los políticos trabajan. La clase política yace en un estado de “alerta y movilización” intelectual. La primera condición para generar trabajo es pensar. ¿Cómo podemos esperar que generen ese “trabajo digno” que tanto les gusta predicar si ellos no tienen capacidad para pensar políticas públicas acorde con los nuevos paradigmas del Nuevo Orden?

Es quizás éste el “Día del Trabajador” más triste y oscurecido que se pueda pensar, precisamente, porque el trabajo es esperanza y en la Argentina actual no hay esperanza de conseguir que se trabaje.

Existen, sin embargo, aquí y allá, ejemplos valiosos de trabajadores que cumplen con su responsabilidad a cambio de mendrugos: son los enfermeros y los médicos que se juegan la vida, los policías que ponen el pecho sabiendo que serán traicionados por los políticos y por el sistema judicial que apaña a los bandidos. Son los docentes que cumplen en medio de un sistema educativo aniquilado, fracasado y que no tiene destino.

Allá van los recolectores de residuos, a la intemperie, los trabajadores de la construcción, los choferes, las empleadas domésticas, millones que persisten bajo las condiciones cada vez más absurdas e inhumanas que impone una clase política mediocre, semianalfabeta, oportunista, rapaz y cada vez más insensible a la cuestión social.

Sí, todavía hay argentinos que trabajan, que quieren hacerlo, que sueñan todavía con retazos de un país posible. Ese Día del Trabajo esplendoroso llegará cuando los cargos públicos sean ocupados por verdaderos trabajadores y no por burócratas ávidos de enriquecimiento personal o de grupo.

Tal vez, ese país posible ocurra cuando esos gobiernos que se dicen peronistas hagan realidad aquel axioma de Perón que reclamaba al trabajo como un derecho, pero también y sobre todo un acto de justicia: “porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”.

 

 

 

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