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Las razones de un fracaso: Jueguen con el gaucho pero no con las alforjas

Existe  un espacio de la comunidad salteña cuya importancia social no se termina de percibir, por parte de ciertos sectores ni de las autoridades. Es ese sector es el que vive “la cosa tradicional” como  una forma de vida: lo llaman el gauchaje.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Los refranes no son sólo expresiones acuñadas en algún tiempo entre la gente de campo sino que contienen una aguda percepción de la realidad. En su gracejo, contienen un argumento irrebatible que debe llamar la atención porque fundamentan algún punto de vista, alguna manera de ser, relacionados con esa fibra más íntima que cultivan los pueblos, en este caso sus tradiciones ancestrales.

En Salta, tiende a ser reducido el sector de ciudadanos (dejamos los académicos a un costado) que conoce realmente qué fue la Gesta Güemesiana, cómo fue realmente ese vía crucis del guerrero y sobre todo cuáles fueron los valores humanos, cívicos y políticos que sustentaron la epopeya del General Martín Miguel de Güemes.

Una mala praxis aplicada por el gobierno anterior fue el haber el manejo de esta importante traza de la cultura salteña en manos de unos pocos salteadores de la historia. Ese mal que continuó absorbiendo recursos durante la presente gestión, ha desembocado ahora en un disturbio entre Pueblo y Gobierno, de cuyas consecuencias aún no se han visto del todo los resultados.

Ese grupo de expoliadores de la figura del General Güemes descuidó además mantener un trato más afable con el sector del gauchaje y asesoró mal a los funcionarios – algunos de muy escasa formación histórica y menos todavía en materia de cultura ancestral-, y trató al Bicentenario de la Muerte del General Güemes  como un acto administrativo más. Éste ha sido pues, uno de los problemas más significativos.

Luego, un proceso inédito como la pandemia obligó a tomar medidas extraordinarias, generalmente restrictivas que colisionaban con el sentimiento de ese vasto sector que pugnaba sólo por desfilar, pasar delante del Monumento y honrar a “Su General”. Esto todavía parece no estar muy bien calibrado en las mentes oficiales.

Esta ignorancia respecto de lo que significa la cultura gaucha en Salta, sus alcances y a cuántos sectores agrupa, sumado a la ignorancia sobre el sentimiento de los gauchos hacia la figura de Güemes, casi idolátrica, más el “fogoneo” de una prensa “progre” o “pseudo progre”, han llevado a todos a caer en esta grieta que hoy parece irreconciliable porque se ha herido un sentimiento muy profundo.

Pues al fin, todo salteño, desfile o no, por trasvasamiento cultural resume en la figura del General Güemes su anclaje identitario. En palabras de Monseñor Pedro Reginaldo Lira cuando refería a la importancia del Milagro: “Define el talante del salteño”. Esto es lo que se ha herido.

 

“Jueguen con el coya pero no con las alforjas”

 

El cambio de fecha del tradicional Desfile del 17 de Junio al 7 de noviembre, es una medida arbitraria, unilateral  e inconsulta que asume el carácter de “cumplir una formalidad”, a desprecio de esa unción patriótica que siente el gauchaje por “Su” Desfile para honrar a “Su” General. El entrecomillado no es una ganga dialéctica sino la acentuación de un sentimiento que –insisto- no se comprende por la mayoría.

Concurren entonces las siguientes preguntas: ¿Permitirán las condiciones sanitarias hacer ese desfile, de suyo antojadizo? Y más importante ¿Querrá el gauchaje desfilar en una fecha que no siente suya y que la mayoría no tiene idea de qué pasó en aquella jornada?

El funcionario que propuso “conformar” al gauchaje con un desfile el 7 de noviembre se inscribe dentro de la troupe de aligerados mentales que pretenden un homenaje y cambian la fecha de la muerte del Prócer en la placa, o piensan que un ballet de corte posmoderno puede ser bien recibido en un ámbito tan tradicional. Todo lo pensado, todo lo decidido y todo lo ejecutado, el gauchaje lo ha sentido propiamente “como una puñalada trapera”.

La alforja es uno de los atavíos más importantes para el gaucho, porque allí transporta sus víveres, el agua, o la bebida espirituosa que lo sostiene en la larga cabalgata.

La alforja gaucha en este caso es su cultura, su amor por “Mi General” (que no es Perón, obviamente), el fogón porque tiene ese sentido de encuentro “alrededor de…”. La “Guardia bajo las Estrellas” que no es un mito sino un rito cívico que cada gaucho asume con unción. Privarlos de ese momento de intimidad patriótica ha sido una de las decisiones más desacertadas.

En definitiva, han jugado con los gauchos, con “desfile sí”, “desfile no”, “marcha puede ser”, “marcha tampoco”. Han jugado con el número. Querían desfilar más de 10.000 gauchos, y decidieron que sean con tres por fortín, luego uno… finalmente con ninguno. Y así.

Lo que NO EXISTIÓ en este caso fue una buena COMUNICACIÓN de parte de los funcionarios, un mal que aqueja a esta Administración desde el comienzo, porque gastan millones en prensa pero no tienen una buena comunicación política. En realidad de ningún tipo. La buena comunicación va unida a una buena diplomacia. Menos todavía.

Pero lo más grave ha sido jugar con la alforja cultural del gauchaje, con su expresión folclórica habiendo tantos ballets criollos en la provincia, algunos de lujo, han pagado bailarines para una danza exótica. Les apagaron los fogones, algo jamás visto en la casi centenaria tradición. No pudieron velar a su General. Ni acercarse.

Pareciera que Martín Miguel de Güemes también ha muerto de COVID. Falleció solo, privado de sus gauchos y de su Pueblo, sin velatorio.

Sí… han jugado con el gaucho, pero han cometido también el error de jugar con las alforjas.

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