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Tiempos finales de la política en Salta: ¿Y ahora cómo sigue este gobierno?

El agotamiento del sistema político muestra signos terminales. Sin partidos organizados, sin militancia y con candidatos y funcionarios terminados, el momento pospandémico se pronostica tenebroso para la provincia de Salta y su gobierno.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- El reciente armado “a piacere” de listas con candidatos cuya fecha de vencimiento en el fondo del envase está largamente superada, a la vez que el tijereteo de listas y nuevos candidatos que se dejaron afuera, terminó de completar la cuota de mal humor social.

El bochorno nacional con el fallido homenaje al General Güemes y el escandaloso “homenaje” al General Perón, son muestras en dos dimensiones de que algo ya se ha terminado.

Todo augura que las próximas elecciones previstas en principio para el mes de agosto serán nada más que el catalizador de la voluntad del grupo gobernante pero que estarán muy lejos de satisfacer las aspiraciones de la ciudadanía.

Esto podría tener un doble resultado: Por una parte que el ejercicio de la función de gobierno a partir del día 16 de agosto termine de hacer implosionar las estructuras internas del Grand Bourg que piden un recambio urgente ya que las tensiones entre sectores –todos prosaencistas- ya resultan indisimulables, lo cual terminará de afectar la imagen del gobierno que ya alcanza en las encuestas un nivel cercano al 50% de negatividad, comprometiendo el proyecto de gobierno, si es que lo hay.

Luego, el autismo con que se está manejando toda la situación política pretendiendo mantener la inercia de hace veinte años cuando el mundo ha cambiado de rumbo en marzo del año pasado, es caldo propicio para el surgimiento de una oposición real, con ideas y militancia que seguramente enfrentará a los restos de gobierno que queden hacia 2023.

¿Dónde está la diferencia? En que haber dejado el manejo político de un momento de transición tan singular en manos de un grupo de no videntes de la realidad que encima están comandados por un gerente de negocio de artículos eléctricos, ha privado a este gobierno de una oposición negociada que hubiera sido lo más deseable. Porque así se lograba participación y control, pero no. Rige un pensamiento absolutista.

Como parece que ninguno sabe de historia, recordemos que el absolutismo provocó la revolución de las clases que terminó con las cabezas de los reyes y mandantes en una canasta.

Ya lo dijo el mismo Perón: “Con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes”. Los viejos hombres de campo enseñaban que cada uno tiene la muerte que se prepara.

¿Qué hacer entonces?

Antes que nada escuchar. Poner atención a quienes les vienen diciendo a los funcionarios “Esto no está caminando”. Opinar no es ser oposición ni enemigo. Al contrario, en estos casos es donde los enemigos están callados, sentados comiendo pochoclo y tomando una “birra” y mirando cómo se siguen cometiendo errores.

Segundo, un recambio urgente de funcionarios. Cambiar amigos por gente capaz y competente, no impresores del “Diario de Yrigoyen”, sino videntes, instruidos, que más o menos adviertan hacia dónde va el mundo, porque éste donde viven los funcionarios ya se terminó.

Tercero: Una profunda reforma política y educativa. Los nuevos paradigmas ya no cuadran con los esquemas que se manejan en Salta.

Cuarto: Abrir de manera inmediata el juego a la participación ciudadana. Revalorizar a los municipios mediante la Reforma Constitucional para fortalecer a los concejos deliberantes, que sean escuelas de la democracia y no trampolines para la intendencia o la Cámara de Diputados.

La calidad de los intendentes –salvo excepciones, lógico- es de última calidad en Salta. El llamado Foro de Intendentes jamás cumplió una función política, de hecho, nunca pudieron poner ni un candidato, mucho menos un ministro. Es simplemente una salamanca de inconfesables procedimientos.

Quinto: Una política de comunicación. Este gobierno gasta mensualmente millones de pesos en prensa pero no tiene comunicación política. Exponen al gobernador a operaciones propiamente infantiles. Lo dejan al descubierto con discursos elementales que ya no condicen con este tiempo de nuevos principios.

Sexto: Convocar a formar un Órgano de consulta –ad honorem- con ciudadanos destacados. Claro que para esto funcione hay que tener por lo menos el respeto y la educación de atenderlos.

Séptimo: Comenzar a hacer todo lo anterior.

Dentro de unos meses, no vengan a decir que no les avisamos.-

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