ArtículosLocales

COVID-19: Las vacunas y el problema teológico de la existencia del Demonio ¿Qué le espera a la humanidad?

Una sociedad dormida que está siendo vapuleada no tanto por la pandemia sino por los que dicen administrar las medidas de precaución y contención, tan dormidos como los demás. En el fondo el problema es la ignorancia generalizada. ¿Se agita un problema de Bien-Mal? Un artículo sólo para iniciados.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Tocar estos temas siempre es delicado porque la línea que separa una realidad de lo que puede ser absurdo es cada vez más delgada.

Pero hagamos un intento por planear sobre una cuestión escatológica en la cual ni los documentos vaticanos se han sumergido aún: ¿El Demonio opera en esta pandemia? Las respuestas dividen incluso a curas y teólogos.

El célebre Giovanni Papini, en su obra “Il Diavolo” estudia la razón de ser de Lucifer, su existencia y manipulación de la humanidad y resume en una frase el gran dilema de la sociedad actual: creer o no creer en Dios y en la actividad demoníaca. Dice Papini: “Sólo a Dios, precisamente porque es Dios, le está permitido ser ateo.”

Si el orden de la razón es la tendencia hacia el Bien común, ¿por qué vemos tanto gobernante dedicado a su sólo enriquecimiento y el de la cáfila que lo acompaña mientras cada vez más son los que sufren necesidades y dolores?

La pandemia y el pandemónium

La humanidad sabe de pandemias, la Peste Negra resultó bastante más devastadora de lo que el COVID-19 ha sido hasta ahora. Pero ninguna había  logrado destronar a los paradigmas sociales, incluso los ancestrales para ir instalando nuevos conceptos de la Vida, la Libertad, la Propiedad, el gobierno, etc. Y decimos gobierno porque la gran víctima de la pandemia es la democracia ya que en nombre de la salud se violentan todos los derechos y garantías constitucionales.

¿El Demonio hizo caer a un Papa?

Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica ha sido reticente a hablar del Demonio. El Papa emérito, Benedicto XVI (cuya renuncia merece un análisis más profundo del porqué), ha mencionado públicamente al “Maligno”. ¿Aceptar la acción del Demonio le ha valido tener que renunciar? Otros le han seguido como el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares que dijo: “El demonio existe en plena pandemia”. Y más aventurado aún, el presidente de la Universidad Católica de Murcia José Luis Mendoza, acusó a los magnates Bill Gates y George Soros de “servidores de Satanás”.

Antes que Benedicto XVI, en mayo de 1973, Paulo VI dijo: «El humo de Satanás se ha filtrado por las grietas de la Iglesia».

Aún con las diferencias que mantengamos con el Papa Francisco, hay que reconocer que de los Papas contemporáneos es el que más veces ha dicho públicamente que “El Demonio sí existe. No es un mito y debemos combatirlo”. Francisco alude incluso a San Pablo para soportar su discurso. El Apóstol advierte en Efesios (6-10): “… no luchamos contra lo que viene de la carne sino contra potestades y principados que habitan en el espacio”.

No obstante, teólogos reconocidos como  Luis Santamaría, teólogo y profesor de exorcismo en Roma relativiza la presencia del Demonio y advierte: “Es un peligro el uso del diablo como centro del discurso del cristianismo.” Para José María Castillo, teólogo catedrático y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada el Demonio: “No existe, es un invento de la mitología antigua.”, cuando el Magisterio enseña justamente que el triunfo de Satanás es hacer pensar que no existe. Esto para dar una mínima muestra del Gran Debate que la pandemia, las vacunas y el Demonio suscitan en los círculos más altos de la intelectualidad global.

¿Qué hacer?

La médula de la cuestión de la pandemia no está en sus orígenes sino en sus fines y daños colaterales. ¿Por qué ocurre esta enfermedad global en el momento de un cambio de época tecnológico? ¿Por qué ocurren tan rápidas las “curas (vacunas)” y a su vez ya parecen estar dejando de ser efectivas porque mutan las cepas? ¿Por qué pareciera que la mejor cura es el encierro y el aislamiento, la separación de la sociedad y el más alto porcentaje de muertos son los ancianos? ¿Hacia dónde conduce todo esto?

Una observación rápida, elemental, permite visualizar que más allá de la dualidad “pandemia-vacuna”, hay resultados objetivos que se van concretando: la vida ha cambiado y no retornará ser igual. Las libertades se han perdido de hecho y por vía del Derecho Consuetudinario –la costumbre- corren el riesgo de tampoco volver. Las relaciones humanas se han “virtualizado” y cada vez se hacen más laxas. Por temor, los padres les piden a sus mismos hijos no visitarlos. El sistema educativo se ha desplomado y no encuentra el camino de la reorganización. La salud es una moneda de cambio. La religión ha perdido lo gregario, es decir el concepto de participación pública de la grey, del pueblo. En suma, todo se ha convertido en un individualismo extremo, incluso la muerte.

El ser humano muere en soledad, sin familia, tratado como un paria. La persona contagiada se desvanece del ámbito familiar y una vez fallecido le pertenece al Estado que lo sepulta dónde y cómo quiere, hasta privado de sus últimos auxilios espirituales.

Mucho, mucho más podemos deducir de esta situación, pero vista la cuestión social así como está planteada ahora, toma cuerpo el primer párrafo de la famosa frase de Friedrich Nietzsche: “Dios ha muerto”.

¿Vive Satanás ahora?

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también

Cerrar
Cerrar
Cerrar