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Por qué razón el Kirchnerismo no durará ni tendrá proyección histórica

La democracia requiere de partidos políticos que justifiquen su historia y propongan un modelo sostenible y sustentable, esto es: plataforma, doctrina, mística y militancia.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- El kirchnerismo nació para morir pronto. Veinte o treinta años en términos históricos es apenas algo fugaz y esta expresión pseudopolítica ya evidencia una ruina que según sean los resultados de noviembre próximo podría ser terminal. Así, es posible exponer algunas razones por las cuales Kirchnerismo no durará ni tendrá proyección histórica

¿Por qué razón el kirchnerismo a diferencia del radicalismo y del peronismo no podría superar esta crisis? Porque no nació como partido o como movimiento con fines históricos sino mediatos: hegemonizar el poder, destruir instituciones claves de la República, socavar las bases morales y terminar de hundir al país en la semianalfabetización que ya había iniciado Carlos Saúl Menem. Las pruebas que otorga la realidad sobre esto son contundentes.

A esas cuestiones puntuales hay que sumarle el cambio de época que alcanza a todo el mundo y que ha generado una crisis rayana en el coma 4 para el radicalismo y el peronismo, partidos que lo tuvieron todo: revolución, doctrina, mística, liderazgo y proyecto nacional y que sin embargo hoy yacen desdibujados y agónicos. ¿Qué le puede esperar al kirchnerismo entonces que carece estos elementos?

El kirchnerismo no tiene origen revolucionario y surge como el desove de un oportunismo histórico cuando Menem se baja de aquel balotage dejándole el camino expedito a Néstor Kirchner que contaba con apenas un 22 o23% de sufragios. Era legal pero no era legítimo. Hay que reconocer sin embargo, que Néstor Kichner tuvo la habilidad de conseguir casi inmediatamente esa legitimidad.

La importancia de la historia

El radicalismo de Hipólito Yrigoyen pensó un proyecto nacional con proyección global y mandó a iniciar los trabajos del Ramal C 14 del Ferrocarril Huaytiquina que tenía como propósito llegar a los puertos del Pacífico para comerciar con Oriente ¡Un siglo antes de que el Eje Asia-Pacífico sea una realidad! Juan Domingo Perón fundó un Movimiento también nacional y pensando en el rol de la Argentina en la coyuntura del año 2000, es decir, medio siglo antes.

El kirchnerismo en cambio, nació pensando en alinear a la Argentina con dos modelos fracasados como Cuba y Venezuela, sumándose a la Bolivia de Evo Morales, todos procesos basados en una utopía en la que ya ni siquiera China considera.

Destruyó asimismo a la propia política con esa rara avis llamada “transversalización” que sirvió como herramienta para liquidar todo el sistema de partidos políticos en Argentina. Eso terminó con la militancia, con las doctrinas y con los emblemas partidarios, es decir, con todo aquello que le daba identidad y pertenencia a los partidos.

De la historia al relato

Otro dato fehaciente es que los grandes partidos políticos de la Argentina tienen historia y fueron parte de la historia. El kirchnerismo trazó un “relato” tijereteando la historia, adulterándola y realizando interpretaciones antojadizas; Verbigracia: Todo comenzó en 1976, antes no existió nada. El país se fundó en el año 2003 y no en 1810. El terrorismo subversivo no existió bajo un gobierno constitucional peronista sino que combatió al terrorismo de Estado impuesto por los militares.

Propuso a un inoperante como Mauricio Macri como el protagonista antagónico y como el que inició el endeudamiento del país. Eso pasó por no haber leído qué paso en 1824 cuando Bernardino Rivadavía firmó el Empréstito con la Baring Brother.

Juzgaron a los hombres del pasado como Sarmiento y Roca con criterios actuales e ideologizados; un absurdo, tanto como creer que volteando estatuas y sacando cuadros se borraba la historia. La “Revolución Libertadora” pensó que haciendo eso exterminaría el peronismo y consiguió exactamente lo contrario.

La pandemia intubó al kirchnerismo

Nadie esperaba la pandemia del Covid-19 y casi nadie avizoraba sus consecuencias ya que el  estrago sobreviniente no sólo fue sanitario sino sobre todo social. El dolor llegó a las puertas de cada familia argentina mientras en el Estado “La Argentina era una fiesta”. Los pueblos pueden perder la memoria pero jamás las ganas de comer.

En este último párrafo se encuentra la clave de los resultados del pasado domingo. El pueblo se cansó de pagar los costos de la pandemia mientras en el Estado los gobernantes viven como jeques. El pueblo se cansó de sufrir dolores a diario mientras el presidente cada vez que abre la boca pronuncia una estupidez.

Sin doctrina, sin mística, sin carisma, sin proyecto político sostenible ni sustentable, el kirchnerismo conoce la derrota en un momento crucial, justo en el punto de inflexión de la crisis.

Con un mapa electoral invertido, con una oposición que aprovecha para rearmarse proponiendo nuevas figuras y nuevos movimientos políticos. Con la economía desbandada y el sistema educativo fulminado y con la salud pública al límite, el panorama pareciera casi irreversible, aunque en política todo es posible.

En resumen, el peronismo es una añoranza que cabalga en la nostalgia, diría un notable pensador y el radicalismo se refuncionaliza, la izquierda se cae al fondo y el kirchnerismo ingresa en terapia.

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